Nagasaki grita contra el olvido: 81 años bajo la sombra atómica

Con el tic-tac del reloj marcando las 11.02, la misma hora en que todo cambió, Nagasaki volvió a detenerse. Más de noventa delegaciones extranjeras acompañaron a los sobrevivientes en un acto que fusionó el duelo con una advertencia contundente al mundo.

## La voz de una ciudad que no olvida

El intendente Shiro Suzuki tomó la palabra en el Parque de la Paz para descalificar sin filtros la doctrina que justifica el acopio de ojivas como método de contención. Para el jefe comunal, equiparar la disuasión nuclear con seguridad global constituye una falacia que pone en jaque la existencia misma de la especie humana. «El armamento atómico no admite grados de moralidad: es perversión pura, incompatible con la vida», expresó Suzuki ante la concurrencia.

El bombardeo ejecutado por un B-29 estadounidense el 9 de agosto de 1945 —apenas setenta y dos horas después de la catástrofe de Hiroshima— arrasó la urbe portuaria con una carga de plutonio apodada «Fat Man». El saldo: aproximadamente setenta mil víctimas fatales antes de que concluyera aquel año. La rendición nipona, consumada seis días después, selló el cierre del conflicto mundial.

## Tensión entre la memoria y la geopolítica

Suzuki exhortó a las autoridades de Tokio a ceñirse a los pilares pacifistas de la Carta Magna, a sumarse a la próxima instancia de revisión del pacto que proscribe el armamento atómico y a honrar la trilogía de compromisos asumidos en la posguerra: ausencia de arsenales nucleares propios, abstención de su producción y veto a su tránsito por suelo japonés.

El contexto, empero, resulta contradictorio. La premier Sanae Takaichi impulsa una reformulación de la estrategia militar orientada a potenciar las capacidades ofensivas de las tropas niponas. Si bien respalda el no a la tenencia y al desarrollo de ojivas, su actitud respecto a la prohibición de su ingreso al archipiélago permanece nebulosa. Esta ambivalencia inquieta a los hibakusha, cuyas voces testimoniales se apagan con el correr del tiempo.

La mandataria prefirió eludir mencionar el convenio de prohibición —rechazado por Japón por su alianza estratégica con Washington— y apostó por una retórica de «pragmatismo» para encarar el desarme. Quedan poco más de noventa mil testigos directos de ambos holocaustos atómicos, con una edad media que ya supera los ochenta y seis años. La transmisión de su testimonio emerge como urgencia ineludible.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *