El traspaso acelerado de las bases antárticas de la órbita científica a la militar genera una profunda crisis logística y operativa, comprometiendo la continuidad del programa nacional.
El expediente que busca transferir la administración de las bases antárticas desde la Dirección Nacional del Antártico (DNA) al Comando Conjunto Antártico (Cocoantar), bajo el Ministerio de Defensa, avanza a gran velocidad en medio de la peor crisis logística y operativa que afronta el programa argentino en décadas. Fuentes de Cancillería expresan extrema preocupación por esta aceleración, señalando que las condiciones del traspaso aún no están cerradas y persisten desacuerdos técnicos y legales.
La resistencia interna se focaliza en la Secretaría de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur y sus asesores militares retirados, quienes articulan la medida con un Cocoantar que también es señalado por su desfinanciamiento. Diplomáticos y científicos advierten que este impulso parece responder al desguace progresivo de la DNA y a la transferencia de su presupuesto, situando la política antártica nacional al borde de una militarización de hecho.
Milei agradece a los bomberos de la Patagonia, pero les redujo el presupuesto en un 78%La crisis operativa se manifestó dramáticamente en la actual Campaña Antártica, donde la capacidad logística real se redujo a un mínimo histórico debido a la falta de medios. Se reportaron fallas graves en el plano naval y la imposibilidad de la Fuerza Aérea de cubrir los movimientos aéreos previstos, lo que obligó a suspender cruces y dejó a equipos científicos varados. Este colapso derivó en la cancelación de la Pre Campaña Antártica de Verano por tercer año consecutivo.
Paradójicamente, el sector militar también manifiesta incomodidad con la medida. Fuentes dentro de las Fuerzas Armadas denuncian sobrecargas operativas, falta de medios y el estado de abandono de bases actualmente dependientes del Cocoantar, poniendo en duda su capacidad de asumir la administración total. Además, advierten sobre el riesgo de violar el Tratado Antártico, que prohíbe explícitamente la militarización de la zona.
Este escenario caótico, desfinanciado y sin conducción clara, según diplomáticos de carrera, no solo resulta inoportuno, sino peligrosamente irresponsable. Al relegar la actividad científica y avanzar hacia la militarización de facto del programa, Argentina debilita el principal sustento de su presencia soberana en el continente y compromete los compromisos internacionales asumidos.
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