El mercado minorista argentino profundiza la estanflación al registrar aumentos de precios impulsados por los costos, a pesar de las caídas de demanda que alcanzan el 20% interanual.
La dinámica del mercado de consumo en el país muestra un mecanismo defensivo: los precios continúan en ascenso a pesar de la marcada retracción de la demanda. Sectores clave, como el de alimentos, registran caídas de ventas que superan el 20% interanual. Esta situación fuerza a las empresas a priorizar la cobertura de costos por sobre el volumen de operaciones, buscando reducir pérdidas en lugar de expandir las ventas.
Los aumentos de precios minoristas están siendo impulsados primariamente por el encarecimiento de la estructura de costos fijos, que incluyen tarifas, combustibles y alquileres. Adicionalmente, la recalibración de las bandas cambiarias funciona como una señal de precio adelantada. En una economía indexada al tipo de cambio, la expectativa de un dólar futuro más alto se traduce rápidamente en remarcaciones preventivas en la cadena de valor.
Tragedia de Año Nuevo en Suiza: el bar que se incendió promocionaba fiestas con fuegos artificialesEl problema excede la esfera monetaria y se concentra en el shock de costos estructurales. Los incrementos en los servicios públicos ilustran la magnitud del impacto: desde diciembre pasado, la electricidad registró aumentos que llegan al 344% y el gas trepó un 617%, superando con creces la inflación acumulada y el crecimiento salarial. Los ajustes tarifarios previstos para 2026, con posibles incrementos de dos dígitos tras la quita de subsidios, anticipan una continuidad en la presión sobre los costos operativos.
Esta presión se refleja directamente en la góndola. En la primera semana de diciembre, las grandes cadenas aplicaron subas promedio del 0,7%, con mayor impacto en bebidas y panificados, mientras que la carne experimentó ajustes bruscos. Consultoras privadas coinciden en que la inflación mensual de alimentos se aceleró, ubicándose cerca del 4% en la medición punta a punta.
El diagnóstico de la Unión Industrial Argentina (UIA) apunta a que la presión inflacionaria proviene desde la oferta y los productores, disociada de la teoría oficial que atribuye la suba de precios a la expansión monetaria. Con la actividad en retroceso y el consumo retraído, las empresas eligen aumentar precios en lugar de competir por volumen. Este escenario confirma la profundización de un proceso de estanflación en la economía doméstica.
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