El resultado representa un avance para Grynspan, secretaria general de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), que mejoró su desempeño respecto de la ronda anterior. Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), mantuvo exactamente sus números y continúa en la disputa por suceder a António Guterres.
En el entorno del diplomático argentino valoraron la consolidación de su candidatura y descartaron que el proceso esté definido. “Continúa la dinámica de la negociación [en el proceso], no es un tema cerrado aún. Grossi se mantiene a la expectativa”, señaló una fuente cercana al funcionario. Además, anticipó que en los próximos días se redoblarán los esfuerzos para impulsar su postulación.
La disputa por los votos de las potencias y el futuro de Grossi
La votación volvió a realizarse con papeletas sin colores, por lo que no permitió identificar cuáles de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— se pronunciaron en contra de cada candidato. En la sexta ronda, realizada el mes pasado, los tres principales aspirantes habían recibido dos vetos cada uno.
Para imponerse, el candidato deberá reunir al menos nueve votos favorables y no recibir el veto de ninguno de los cinco miembros permanentes. Una vez que el Consejo de Seguridad alcance un acuerdo y recomiende un nombre, la Asamblea General, integrada por 193 países, deberá ratificar la designación.
En la tercera posición quedó la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett, con ocho respaldos, cinco rechazos y dos abstenciones de opinión. La diplomática emiratí Lana Zaki Nusseibeh ocupó el cuarto lugar, mientras que el turco Feridun Hadi Sinirlioglu, recientemente incorporado a la carrera, quedó quinto. Las candidaturas ecuatorianas de María Fernanda Espinosa e Ivonne Baki permanecieron relegadas.
La postulación de Grynspan enfrenta, sin embargo, resistencias de Estados Unidos por el respaldo que recibiría de China. En paralelo, Grossi contaría con el aval de la administración de Donald Trump, aunque su candidatura sufrió cuestionamientos públicos de Rusia por su actuación al frente del OIEA durante la guerra con Ucrania. También existen indicios de que Pekín se inclinaría por apoyar a la costarricense.
En ese escenario, un entendimiento entre Washington, Pekín y Moscú podría resultar decisivo para destrabar la elección. Las tensiones geopolíticas entre las potencias, atravesadas por la guerra en Ucrania, el conflicto en Medio Oriente y el programa nuclear iraní, mantienen abierto el proceso y dificultan la definición de un candidato de consenso.
La sucesión de Guterres también está atravesada por dos demandas históricas: que el cargo vuelva a recaer en un representante de América Latina y el Caribe, después de 36 años, y que por primera vez una mujer llegue a conducir Naciones Unidas. Grynspan reúne ambas condiciones, mientras que Grossi representa la alternativa argentina en una disputa que todavía depende de las negociaciones entre los principales actores internacionales.
La próxima votación, prevista para la semana siguiente, podría resultar clave para determinar si la candidatura de Grynspan logra ampliar sus apoyos o si Grossi conserva margen para avanzar. Por ahora, el argentino sigue en carrera y apuesta a que un acuerdo entre las potencias permita modificar el escenario.


