
El swap es un mecanismo financiero que permite a dos bancos centrales intercambiar monedas por un plazo determinado, con el compromiso de revertir la operación a un tipo de cambio previamente acordado.
Lejos de ser un préstamo tradicional, este instrumento ofrece liquidez en moneda extranjera y contribuye a estabilizar el sistema financiero.
El procedimiento se inicia cuando el banco central entrega su moneda y recibe divisas, que puede utilizar para reforzar las reservas o cubrir la demanda de dólares de empresas y entidades. Al finalizar el plazo, devuelve la divisa recibida y recupera su moneda, abonando los intereses correspondientes.
Entre sus principales aplicaciones se destacan el respaldo en crisis financieras, el impulso al comercio bilateral y el fortalecimiento de la estabilidad monetaria. A diferencia de otros instrumentos, los swaps suelen tener tasas de interés más bajas y no siempre suman reservas de libre disponibilidad, ya que en algunos casos el uso está limitado a operaciones comerciales.
Argentina ya cuenta con experiencia en este tipo de acuerdos. Desde 2009 mantiene un swap con el Banco Central de China, que fue renovado en abril pasado y permite al país disponer de 35 mil millones de yuanes (unos USD 5.000 millones). Parte de esos fondos pueden utilizarse para pagar importaciones desde China sin necesidad de dólares, y el resto sirve como respaldo en las reservas.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, destacó recientemente este tipo de operaciones, aunque advirtió sobre prácticas de China en África que generaron endeudamiento excesivo y cesión de recursos naturales. En ese marco, Argentina busca ampliar sus herramientas de financiamiento externo y reforzar la confianza de los mercados.
Con información de Infobae

