La enfermedad de León XIV modificó las expectativas sobre la duración y el rumbo de su pontificado y abrió interrogantes sobre el equilibrio de poder dentro del Vaticano. A cinco meses de cumplir su primer año como papa, el diagnóstico de un tumor maligno de pulmón obliga a revisar su agenda, mientras los sectores de la Curia evalúan cómo podría cambiar la toma de decisiones si necesita reducir su actividad o delegar funciones.

El pontífice, de 71 años, fue sometido el martes a una intervención quirúrgica en el Policlínico Gemelli de Roma para extirparle el lóbulo inferior del pulmón derecho. Los primeros informes indicaron una evolución posoperatoria normal: comenzó a caminar, realizó fisioterapia respiratoria y pasó una buena noche. Sin embargo, el alcance de la enfermedad y los resultados de los estudios pendientes serán determinantes para establecer los próximos pasos.
Los análisis moleculares de los tejidos y los ganglios linfáticos extraídos durante la operación podrían definir si necesita quimioterapia o radioterapia. Los resultados se esperan entre diez y catorce días después de la intervención. Hasta entonces, la evolución clínica mantiene abiertas distintas posibilidades para el desarrollo de su pontificado.
La agenda oficial quedó suspendida hasta el 20 de octubre y uno de los principales interrogantes es el viaje previsto a Uruguay, Argentina y Perú entre el 6 y el 17 de noviembre. La gira contempla 14 vuelos, más de 40 discursos y una visita a Cuzco, situada a más de 3.300 metros de altura, donde las dificultades respiratorias pueden representar un desafío adicional.
El arzobispo de Montevideo, Daniel Sturla, reconoció a Telemundo que los médicos podrían recomendar una postergación si el papa debe iniciar un tratamiento. En Perú, la presidenta Keiko Fujimori también admitió que las fechas podrían modificarse y que la recuperación podría extenderse más de lo previsto. La decisión sobre la gira será uno de los primeros indicadores concretos del alcance de las restricciones médicas.
Los movimientos dentro de la Curia y la distribución del poder
La incertidumbre sanitaria también introduce cambios en los tiempos políticos del Vaticano. Hasta ahora, León XIV había desarrollado un estilo de conducción pausado, con decisiones meditadas y una perspectiva de largo plazo. Su elección, en mayo de 2025, había sido interpretada como una apuesta por un pontificado prolongado, capaz de estabilizar la Iglesia católica después de los años de Francisco y avanzar sobre las finanzas de la Santa Sede.
Un eventual tratamiento prolongado podría obligarlo a reducir sus apariciones públicas, seleccionar sus prioridades y delegar más responsabilidades en su círculo de confianza. Esto aumentaría el peso de sus colaboradores más cercanos en la gestión cotidiana, aunque todavía no hay indicios suficientes para afirmar que existan disputas abiertas entre los distintos sectores eclesiásticos.
En ese contexto, dos nombramientos realizados antes de la operación adquirieron mayor relevancia. León XIV designó al cardenal filipino Luis Antonio Tagle como decano del Colegio Cardenalicio, una función central durante una eventual sede vacante. También nombró al arzobispo franciscano italiano Vittorio Francesco Viola como vicario general para la Ciudad del Vaticano, un cargo que continúa vigente tras la muerte de un pontífice.
Ambas decisiones inciden en la estructura institucional y en la preparación para escenarios futuros, aunque fueron adoptadas antes de que se conociera públicamente el diagnóstico de malignidad. Por eso, su interpretación política no implica necesariamente que hayan sido parte de una estrategia sucesoria vinculada con la enfermedad.
La posibilidad de acelerar las reformas y el precedente de otros papas
El diagnóstico también podría modificar el ritmo de las decisiones. La posibilidad de contar con menos tiempo o energía para desarrollar su programa podría llevar a León XIV a acelerar algunas reformas y postergar otras. La historia de la Iglesia ofrece antecedentes de pontificados que avanzaron con rapidez pese a las limitaciones de salud, como el de Juan XXIII, elegido a los 76 años en 1958, que convocó el Concilio Vaticano II pocos meses después de asumir.
La situación también vuelve a poner sobre la mesa el precedente de Benedicto XVI, quien renunció en febrero de 2013 al considerar que ya no tenía las fuerzas necesarias para continuar. No obstante, no existe por ahora una señal de que León XIV contemple dimitir. Cualquier evaluación sobre ese escenario dependerá de su evolución y de las recomendaciones médicas.
La transparencia sobre la salud papal en debate
La forma en que la Santa Sede informe sobre la salud del papa será otro aspecto relevante. En esta oportunidad, León XIV anunció que sería operado durante el Ángelus del domingo, antes de que la malignidad del tumor se comunicara públicamente tras la intervención del martes.
El manejo de la información contrasta con etapas anteriores, cuando la salud de los pontífices se mantenía bajo mayor reserva. Durante las últimas semanas de Francisco en el hospital, en 2025, el Vaticano difundió partes médicos diarios, aunque breves. Ahora, la regularidad y el nivel de detalle de los próximos informes serán claves para conocer la evolución clínica y reducir la incertidumbre sobre su agenda.
Por el momento, la prioridad sigue siendo la recuperación del pontífice. Los resultados médicos, la eventual necesidad de tratamientos y la decisión sobre el viaje latinoamericano marcarán el próximo tramo de su papado y permitirán dimensionar hasta qué punto la enfermedad alterará el funcionamiento de la Curia.


