Las esperanzas de desescalar el conflicto en Oriente Medio sufrieron un importante revés este jueves, luego de que el grupo libanés Hezbolá rechazara formalmente una propuesta de tregua promovida por Washington. Esta decisión complica significativamente las ya frágiles negociaciones entre Israel y Líbano, que buscan un cese de hostilidades duradero en la región.
El presidente libanés, Joseph Aoun, había anunciado previamente que un alto el fuego podría entrar en vigor en un plazo de 24 horas, siempre y cuando todas las partes implicadas —en clara alusión a Hezbolá— ratificaran el acuerdo. Sin embargo, el grupo chiita comunicó oficialmente su negativa al mandatario, insistiendo en que cualquier pacto aceptable debe incluir la retirada completa de Israel de territorio libanés.
El líder de Hezbolá, Naim Qasem, reforzó esta postura en un mensaje televisado, exigiendo un “alto el fuego global y sin libertad de matar para el enemigo en Líbano”. Subrayó que “mientras exista la ocupación, la resistencia continuará”, alineando su posición con la de Teherán, que demanda un cese de fuego inmediato en Líbano y amenaza con una intervención militar directa si Israel mantiene la presión sobre sus milicias aliadas.
La propuesta de tregua exigía que Hezbolá detuviera por completo sus ataques y replegara sus fuerzas al sur del río Litani. No obstante, la respuesta israelí no se hizo esperar. El ministro de Defensa, Israel Katz, advirtió que las fuerzas armadas continuarán con sus operaciones en Líbano y descartó, por el momento, un repliegue del sur, lo que evidencia la profunda divergencia entre las partes.
A pesar de la tensión, los delegados de ambos países han acordado abrir una nueva fase de negociaciones la semana del 22 de junio, con el objetivo de alcanzar un “acuerdo global”. Entre los puntos ya pactados se encuentra la creación de “zonas piloto”, donde las Fuerzas Armadas libanesas ejercerán un control exclusivo, excluyendo a “todos los actores no estatales”.
El documento conjunto también enfatiza el respaldo a la soberanía regional, afirmando que “el futuro de las relaciones entre Israel y Líbano debe ser decidido por ambos gobiernos soberanos” y rechazando cualquier intento de un Estado o actor no estatal de “tomar como rehén el futuro del Líbano”, en una clara referencia implícita a la influencia de Irán sobre Hezbolá.
Las hostilidades entre Israel y Hezbolá se recrudecieron el pasado 2 de marzo, cuando el grupo chiita abrió fuego en respuesta a un ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes. Desde abril, múltiples intentos de alto el fuego promovidos por Washington han fracasado, convirtiendo estos enfrentamientos en el principal obstáculo diplomático para estabilizar la región.

