La viralización de contenidos digitales orientados a sortear los controles de tránsito ha encendido las alarmas de los especialistas en seguridad vial. En un reciente video publicado por el creador de contenido y abogado @dr.carlosabdala, se analiza la conducta a seguir ante un operativo de alcoholemia. En la pieza audiovisual, el protagonista sostiene que, en caso de haber consumido alcohol, la negativa a realizar el test es una opción válida debido a que un resultado positivo equivale a "una confesión del crimen". Según el creador, la normativa obliga a las fuerzas de seguridad a advertir al ciudadano sobre su derecho a negarse, y de no hacerlo, la prueba posterior podría ser catalogada como "ilegal". No obstante, advierte que la negativa conlleva de forma inmediata la retención del vehículo, del registro de conducir y la inversión de la carga de la prueba, quedando en manos del conductor demostrar que no se encontraba alcoholizado. Si bien es técnicamente correcto que la negativa al test de alcoholemia constituye una falta administrativa grave que duplica el valor de las multas y presume la culpabilidad del conductor —tal como lo tipifican el Código de Tránsito de la Ciudad de Buenos Aires y la Ley Nacional de Tránsito N° 24.449—, el enfoque del video minimiza la problemática central: el impacto del alcohol en la siniestralidad vial. Los datos estadísticos provistos por la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) desarticulan cualquier intento de flexibilización discursiva. En la Argentina, los accidentes de tránsito continúan siendo la principal causa de muerte en jóvenes menores de 35 años, y en al menos uno de cada cuatro siniestros fatales se detecta la presencia de alcohol en sangre en alguno de los conductores. La presencia de alcohol, incluso en dosis mínimas, disminuye los reflejos, altera la percepción de las distancias y distorsiona el juicio del conductor, multiplicando exponencialmente las probabilidades de desencadenar una tragedia. De acuerdo con los registros de la asociación civil Luchemos por la Vida, en el país se promedian más de 6.000 víctimas fatales al año por incidentes de tránsito, colocándolo como uno de los índices de mortalidad vial más elevados de la región. Ante estas cifras, los controles de alcoholemia y la reciente implementación de la Ley de Alcohol Cero a nivel federal no deben ser interpretados como obstáculos punitivos o herramientas de recaudación, sino como los mecanismos de prevención más eficaces para resguardar la vida en el espacio público.

