Cómo reaccionaron los mercados ante el inicio de grandes conflictos bélicos y qué puede pasar tras el ataque a Irán

La escalada militar en Medio Oriente reconfigura las proyecciones financieras globales mientras los inversores analizan el comportamiento histórico de los mercados ante el estallido de conflictos bélicos de gran escala.
El reciente ataque coordinado contra objetivos iraníes generó una reacción inmediata en las pizarras de Wall Street y las principales plazas europeas. La incertidumbre sobre el suministro de crudo y la estabilidad de las rutas comerciales impulsa una volatilidad que no se veía con esta intensidad desde el inicio de la guerra en Ucrania.
Los antecedentes históricos muestran patrones diversos según la magnitud y la ubicación de las hostilidades. Durante el ataque a Pearl Harbor en 1941, las acciones sufrieron caídas iniciales pero iniciaron una recuperación sostenida poco después, mientras que la Operación Tormenta del Desierto en 1991 provocó un repunte inmediato ante la resolución de la fase aérea del conflicto.
El impacto del 11 de septiembre de 2001 representó uno de los cierres de mercado más prolongados de la historia moderna, evidenciando que los ataques directos afectan la confianza de forma estructural. Por el contrario, la invasión a Irak en 2003 fue descontada con antelación por los operadores, permitiendo que la bolsa operara con relativa calma durante las primeras etapas de la ofensiva terrestre.
El análisis técnico sugiere que el oro y los bonos del Tesoro estadounidense recuperan su atractivo como refugios de valor frente al incremento del riesgo sistémico. Los grandes fondos de inversión ajustan sus carteras reduciendo la exposición en sectores tecnológicos y volcándose a activos vinculados a la energía y la industria de la defensa.
El desenlace de esta crisis militar dependerá de la capacidad de contención para evitar un enfrentamiento directo y prolongado entre las potencias regionales involucradas. Por ahora, los índices bursátiles reflejan una actitud de cautela extrema a la espera de nuevas definiciones que marquen el rumbo de la economía mundial.
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