El vicepresidente del país vecino disparó contra el mandatario argentino tras su participación en un acto de campaña de Flavio Bolsonaro en territorio brasileño.

## Una «intromisión grosera»
Geraldo Alckmin no se anduvo con vueltas. Este martes, tras un encuentro de empresarios brasileños y surcoreanos en San Pablo, el segundo de la fórmula de Lula da Silva cargó con dureza contra Javier Milei. El funcionario calificó de «lamentable» la actitud del presidente argentino y fue más allá: aseguró que con sus acciones el líder libertario «perjudica a la Argentina».
La polémica estalló luego de que Milei viajara a Brasil para respaldar públicamente la postulación de Flavio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro. Para Alckmin, ese gesto constituye una injerencia inadmisible: «Un presidente no debe meterse en la elección de otro país», sentenció. Y agregó que, además de vulnerar la soberanía brasileña, lo hizo «de manera grosera, absolutamente grosera».
El mandatario argentino había descalificado a Lula con epítetos contundentes: «ladrón», «presidiario» y «basura socialista». Esos dichos encendieron la mecha de una crisis diplomática que ya acumula varios días de cruces verbales.
## La Casa Rosada intenta apagar el fuego
Desde Buenos Aires, el Gobierno buscó bajar la temperatura. A través del vocero Adrián Ravier, la administración de Milei enfatizó que no pretende dañar el vínculo con Brasil pese a las profundas diferencias ideológicas entre ambos mandatarios.
«No es intención de Argentina afectar la relación diplomática», fue el mensaje oficial desde la Casa Rosada. Ravier remarcó que ambos países son «dos pueblos hermanos que comercian» y destacó la relevancia del intercambio económico bilateral.
Alckmin, por su parte, recordó un dato contundente: «Brasil es el mayor comprador de Argentina. El mayor socio comercial de Argentina es Brasil». La advertencia implícita es clara: los ataques personales pueden tener costos concretos para la economía argentina.
La tensión expone la grieta ideológica entre dos modelos enfrentados. Milei se erige como estandarte del libre mercado a nivel global, mientras Lula encabeza un proyecto de corte progresista y desarrollista. El desafío para ambas cancillerías será impedir que esa fractura política se traduzca en un quiebre institucional.
Redacción SDN
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