Más empatía, menos likes: el fuerte llamado a dejar de lucrar con la desgracia ajena


La velocidad con la que se propaga la información en el ecosistema digital ha puesto nuevamente en debate los límites éticos de los creadores de contenido y usuarios particulares. En un reciente análisis editorial, se planteó una fuerte crítica hacia aquellos que utilizan las tragedias y situaciones de vulnerabilidad social como una estrategia para incrementar sus métricas, sumar seguidores o generar interacciones en plataformas de video y redes sociales. "Ayudá como puedas, como sea, como quieras, pero ayudá. No desinformés, no malcomuniqués, no inventés", señala el documento, advirtiendo sobre la proliferación de contenidos escatológicos o imágenes de crisis —como edificios colapsados o rescates— difundidos con el único propósito de captar la atención de la audiencia. La crítica apunta a desarticular la lógica de la espectacularización del dolor, remarcando que lo verdaderamente sustancial es visibilizar que existen comunidades pasándola mal, y no el beneficio individual en términos de popularidad digital. El texto propone un cambio de paradigma en el comportamiento de los usuarios, instando a la sociedad a seguir ideas y personas que aporten valor real, en lugar de alimentar dinámicas orientadas exclusivamente al impacto estadístico. "Empecemos a pensar en términos humanos y no en términos algorítmicos. Empecemos a pensar en términos de corazones y no en términos de likes", concluye la editorial, haciendo un llamado a tejer redes que colaboren socialmente y que superen la mera lógica de la pantalla de reproducción.

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