Un «empate nuclear» entre Karina y Santiago traba la salida de Adorni

La interna en la cúpula del Poder Ejecutivo se profundiza ante la imposibilidad del presidente Javier Milei de resolver el enfrentamiento directo entre su hermana Karina y el asesor Santiago Caputo.
El Gobierno nacional atraviesa una parálisis operativa derivada de un equilibrio de fuerzas entre los sectores que responden a Karina Milei y los que se alinean con Santiago Caputo. Esta situación es descripta en los pasillos de la Casa Rosada como un empate nuclear donde cualquier movimiento brusco amenaza con desestabilizar la estructura interna del oficialismo. El mandatario se encuentra en una posición de mediador forzado para evitar que la confrontación personal afecte la gestión diaria.
La tensión escaló luego de versiones que indicaban el desplazamiento inminente de Caputo por pedido expreso de la secretaria general de la Presidencia. Milei utilizó sus redes sociales para ratificar la autoridad sobre su equipo de trabajo y despejar los rumores de salida de su asesor de confianza. Sin embargo, la permanencia de Caputo queda ligada a la suerte del vocero Manuel Adorni, cuya figura concentra las mayores resistencias internas y críticas por su exposición pública.
Adorni quedó en el centro de la disputa tras las denuncias sobre créditos del Banco Nación otorgados a su entorno y cuestionamientos por su nivel de gastos. Mientras Karina Milei sostiene la continuidad del funcionario, otros sectores del gabinete presionan por su desplazamiento debido al desgaste que genera en la imagen gubernamental. El presidente entiende que la salida del vocero debilitaría su propio margen de maniobra frente a las exigencias de su círculo familiar.
Para intentar desviar el foco de las peleas internas, el oficialismo apeló a narrativas externas como la supuesta campaña de desinformación de origen ruso. Esta estrategia buscó unificar el discurso y brindar un respiro frente a las filtraciones sobre el malestar de ministros como Sandra Pettovello. La titular de Capital Humano mantiene su propia agenda de confrontación contra el vocero, lo que suma un nuevo foco de conflicto a una administración que muestra signos de desorden administrativo.
La falta de una resolución clara sobre la distribución del poder real genera un clima de incertidumbre que traba decisiones clave en distintas áreas del Estado. El esquema de decisiones se reduce a un círculo cada vez más cerrado donde la lealtad personal prevalece sobre la eficiencia técnica. Milei enfrenta el desafío de ordenar su equipo antes de que las fisuras internas comprometan el avance de su plan económico y la estabilidad de su coalición.
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