La perdurabilidad de Los Simpson en el imaginario colectivo se sustenta en la construcción de personajes secundarios que definieron hitos culturales de la televisión.
La vasta galería de personajes introducida por la serie Los Simpson ha garantizado su posición como un fenómeno televisivo global que trasciende generaciones. Entre ellos, figuras como Troy McClure se han transformado en íconos instantáneos cuya aparición, si bien es episódica, resume un tipo de humor específico y autorreferencial.
La famosa muletilla de presentación del actor de Springfield, que inicia con la frase «Tal vez me recuerden de…», se consolidó como una de las citas más replicadas y parodiadas fuera del ámbito de la ficción. Esta fórmula narrativa sirvió para introducir parodias de filmes de bajo presupuesto y documentales pseudocientíficos dentro de la trama de la producción.
‘La Reina del Flow’ ha vuelto a Netflix: así se estrenarán todos los capítulos de la temporada 3 en la plataformaMcClure, un actor venido a menos que nunca recuperó la gloria de sus supuestas películas de serie B, representa la crítica satírica de la industria de Hollywood. Su figura encarna el cinismo del espectáculo y la necesidad de perpetuar la imagen pública a través de cualquier medio, desde infomerciales hasta bodas por conveniencia.
Este patrón de impacto cultural no es exclusivo de McClure. Otros secundarios, como el abogado Lionel Hutz, funcionan bajo la misma lógica: personajes que con escasas apariciones lograron instalarse como símbolos de la crítica social, en este caso, al sistema judicial estadounidense. A más de tres décadas de su debut, la serie animada sostiene su relevancia global gracias a esta compleja estructura de apoyo y la memoria colectiva que generaron sus roles fugaces.
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