La Cancillería de Brasil resolvió este martes una medida sin precedentes en los últimos años: ordenó el regreso de su embajador Julio Bitelli a Brasilia y redujo al mínimo su representación diplomática en Buenos Aires. La decisión transforma la embajada en una simple oficina a cargo de un encargado de negocios, un nivel que ambos países no experimentaban desde hacía décadas.

## El puntapié inicial de la crisis
El conflicto se originó en las recurrentes descalificaciones públicas del presidente Javier Milei hacia su par brasileño. En distintas entrevistas televisivas, el mandatario argentino volvió a tildar a Lula de «ladrón» y «presidiario», justificando sus calificativos en que la anulación de la condena del líder del PT se produjo por un «error administrativo» y no por demostración de inocencia. «Tengo formas horribles pero digo la verdad», se defendió Milei ante los cuestionamientos.
La situación se había agravado días antes, durante la visita del presidente argentino a San Pablo para participar de la Convención Nacional del Partido Liberal. Allí no solo respaldó la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro para los comicios de octubre, sino que comparó la gestión de Lula con el «Riesgo Kuka» que, según su diagnóstico, padecía la Argentina antes de su asunción. En aquella ocasión también arremetió contra el juez Alexandre de Moraes, a quien calificó de «basura calva» por impedirle visitar a Jair Bolsonaro, detenido en Brasil.
## La paciencia se agotó en Itamaraty
Las autoridades brasileñas habían intentado inicialmente una respuesta institucional más contenida. Convocaron a consultas a su embajador, citaron al representante argentino en Brasilia y el canciller Mauro Vieira calificó los dichos de «graves» e «inaceptables». Lula, por su parte, optó por no responder personalmente y delegó la reacción en sus cancilleres.
Sin embargo, la reiteración de los insultos terminó de colmar la tolerancia del gobierno de Brasil. «Tuvimos mucha paciencia, no contestamos, pero creemos que la reiteración de ofensas hacia el Presidente hacen inevitable esa decisión», explicaron fuentes oficiales de Itamaraty. Desde la Casa Rosada, el vocero Adrián Ravier había intentado minimizar el episodio, sosteniendo que las diferencias ideológicas no afectarían los vínculos comerciales ni diplomáticos entre ambas naciones.
Por el momento, no trascendió si el gobierno argentino adoptará una medida recíproca o buscará alguna vía de distensión con el principal socio comercial del Mercosur.
Redacción SDN
