«No es ecología, es poder»: Carlos D’Alessandro advirtió sobre los intereses detrás de la Ley de Glaciares
El diputado provincial por Pueyrredón y ex presidente de la Comisión de Recursos Naturales, Carlos D’Alessandro, lanzó una dura advertencia sobre el proyecto de Ley de Glaciares que se debate en el Congreso. Según el legislador, la iniciativa esconde un entramado de intereses que perjudicaría el desarrollo productivo del país.
El «lobby» detrás de la épica ambiental
D’Alessandro fue tajante al señalar que la normativa, aunque se presenta bajo una fachada de protección ecológica, responde a agendas económicas específicas. “La ley de glaciares que quieren impulsar no es inocente… tiene lobby atrás”, afirmó, basándose en su experiencia directa al frente de la comisión legislativa.
Para el diputado, el peligro radica en la manipulación del mapa productivo nacional:
“Se presenta como ambiental, pero en la práctica ordena el mapa productivo y termina favoreciendo a determinados intereses mineros, no al país”.
Un conflicto de constitucionalidad
Uno de los puntos más críticos señalados por el legislador puntano es la violación de la autonomía provincial. D’Alessandro recordó que la Constitución Nacional establece que los recursos naturales pertenecen originariamente a las provincias.
- Argumento legal: El Congreso no tiene facultades para legislar sobre recursos que son jurisdicción provincial.
- Consecuencia: El avance de esta ley representaría un avance inconstitucional sobre el federalismo.
El impacto en la economía y el empleo
Más allá de lo jurídico, el diputado alertó sobre las consecuencias prácticas para el bolsillo de los ciudadanos. Bajo lo que denominó una «falsa épica ambiental», se estarían poniendo trabas al crecimiento económico.
- Riesgo de inversiones: La incertidumbre normativa aleja capitales estratégicos.
- Pérdida de empleo: Menos proyectos productivos se traducen en menos puestos de trabajo.
- Costo social: “Lo vamos a terminar pagando todos los argentinos”, sentenció.
Conclusión contundente
Para D’Alessandro, el debate no gira en torno a la preservación del medio ambiente, sino a una disputa por el control de los recursos y la economía nacional. Su cierre fue una advertencia directa a la sociedad: “Esto no es ecología. Es poder”.
