Si el siglo XXI necesitaba una confirmación de que el Derecho Internacional ha muerto, el sábado 3 de enero de 2026 ha entregado el certificado de defunción. Pero para entender la psicología de este saqueo, quizás no sea necesario releer a Marx o a Lenin, sino, irónicamente, revisar los bestsellers que moldean la mente corporativa de quienes hoy ordenan secuestros desde el Despacho Oval.
¿Quién se ha llevado mi Petróleo? Spencer Johnson escribió «¿Quién se ha llevado mi queso?» como una parábola sobre la adaptación al cambio en el mundo empresarial. En la versión de Washington, la narrativa se distorsiona. El «Queso» es la Faja Petrolífera del Orinoco. Los ratones no están buscando comida en un laberinto; se asumen dueños del laberinto y consideran que cualquier queso, esté donde esté, les pertenece por derecho divino o «seguridad nacional».
La lógica imperial aplicada a Venezuela es elemental: «Si mueves el queso (nacionalizas el recurso), rompo el laberinto». No se trata de democracia, se trata de la cadena de suministro. La adaptación al cambio que exige el Norte no es negociar con nuevos actores soberanos, sino eliminar al actor que se atrevió a decir que el recurso tenía otro dueño. Estados Unidos no tolera que el queso se mueva sin su permiso expreso.
HABRÁ PATRIA O COLONIA? QUÉ DESARROLLO ES POSIBLE AHORA PARA VENEZUELA? – Por Bruno Lima RochaPadre Rico (Imperio), Padre Pobre (Soberanía) La otra biblia del capitalismo tardío, «Padre Rico, Padre Pobre» de Kiyosaki, enseña que «los pobres trabajan por dinero, los ricos hacen que el dinero trabaje para ellos». Llevado a la geopolítica actual: «Los Países Pobres (o que intentan ser soberanos) trabajan por la legalidad y el derecho internacional; el Padre Rico (el Imperio) hace que las reglas trabajen para él».
Aquí entra la hipocresía estructural del narcotráfico. El «Padre Rico» mantiene un consumo voraz; su sociedad demanda estupefacientes a niveles industriales para soportar su propia alienación social. Pero en lugar de tratar su adicción (la demanda interna), militariza la oferta en el extranjero. El petróleo venezolano es «suyo» porque lo necesitan para su maquinaria, pero las drogas que sus ciudadanos consumen son «culpa» exclusiva del sur. Privatizan las ganancias del recurso energético y socializan la culpa del narcotráfico. Es la gestión de activos perfecta: apropiación de la riqueza ajena y externalización de los vicios propios.
El Autismo Comunicacional de la Izquierda Mirando hacia la respuesta regional, el análisis debe ser crudo. Si el Imperio actúa como un depredador financiero sofisticado, la izquierda latinoamericana y el progresismo a menudo actúan como un poeta análogo en un tiroteo digital.
El llamado socialismo del siglo XXI ha fallado estrepitosamente en la batalla comunicacional (aquí podemos incluir al peronismo argentino). Se sigue respondiendo a algoritmos de inteligencia artificial y guerra cognitiva con panfletos retóricos de los años 70 (o 50 en el caso argentino). Existe una desconexión brutal con las nuevas generaciones. Mientras la derecha vende conceptos de «libertad» y «éxito» en videos de 15 segundos en plataformas masivas, los movimientos populares intentan explicar el materialismo dialéctico en textos densos que no penetran en la opinión pública. Han permitido que el «Padre Rico» defina qué es la libertad, sin ofrecer una contra-narrativa aspiracional moderna y competitiva.
Los Errores No Forzados de Venezuela En este escenario, hay que señalar que el gobierno venezolano cometió errores democráticos tácticos que costaron caro. No por la naturaleza de su sistema, sino por la opacidad en la gestión de su legitimidad ante los ojos del mundo. La elección reciente se gestionó con un desmanejo de relaciones públicas evidente.
Al enfrentarse al poder fáctico más grande de la historia, no existe margen para el «lujo de la duda». La demora en la presentación de actas, la gestión de la figura de González Urrutia y la incapacidad para blindar la narrativa interna dieron la excusa perfecta. «No es democracia si yo no la apruebo», sentencia el Imperio. Pero la administración venezolana entregó el argumento en bandeja de plata al no ser impecable en las formas de su proceso político. Le dieron al «Padre Rico» la coartada legal para ejecutar la hipoteca de la casa.
Jaque al Rey: La Mirada de Oriente ¿Qué observan hoy Pekín, Moscú y Teherán? No ven solo el secuestro de un mandatario latinoamericano; ven un espejo de su propio futuro inmediato.
La respuesta en los próximos días no será necesariamente una conflagración mundial por Caracas; Rusia y China operan bajo un pragmatismo frío. Sin embargo, la consecuencia inevitable será una aceleración agresiva de la desdolarización y la consolidación de bloques de defensa mutua. Son pragmáticos, no suicidas.
Irán comprende que es el siguiente en la lista de «queso robado». China sabe que sus rutas comerciales son vulnerables. Lo que se avecina es el fin de la diplomacia de guante blanco. Si Estados Unidos ha decidido operar bajo las reglas de «Padre Rico» (tomo lo que quiero porque puedo), el bloque euroasiático dejará de jugar a «Padre Pobre» (respeto las reglas aunque pierda).
La lección de este 3 de enero es amarga: En el capitalismo de vigilancia y guerra, la soberanía no se garantiza solo con la razón histórica o el derecho, se defiende con la capacidad técnica de disuasión. Y en esta ocasión, la región confió demasiado en que la razón sería suficiente escudo.



