Murió Yayoi Kusama a los 97 años en un hospital de Tokio, Japón, tras un fallo multiorgánico, según informó la agencia japonesa Jiji Press. La artista falleció el 14 de agosto, pero la noticia recién fue comunicada públicamente este jueves 27 por su compañía y su estudio.

El texto de Yayoi Kusama Inc. y Yayoi Kusama Studio Inc. destacó su trayectoria: «Kusama desarrolló una carrera aclamada internacionalmente como artista vanguardista pionera, cuya práctica creativa abarcó las artes visuales, la performance, la narrativa y la poesía».
El escrito también señala que «siguió pintando hasta sus últimos días, sin soltar jamás el pincel, y continuó explorando el amor eterno y el alma eterna».
Los lunares, las calabazas y los patrones repetitivos se convirtieron en el sello personal de Kusama, junto con sus instalaciones conocidas como «Infinity Mirror Rooms». Su obra trascendió los museos y llegó al mundo de la moda, con colaboraciones con Louis Vuitton, Uniqlo y X-girl.
De qué murió Yayoi Kusama
Yayoi Kusama murió el 14 de agosto de 2026, a los 97 años, en un hospital de Tokio. La causa informada por Jiji Press fue un fallo multiorgánico, aunque el comunicado publicado por la compañía de la artista no especificó qué enfermedades o complicaciones lo provocaron.
El escrito oficial puso el foco en los últimos días de la artista, su vínculo con la creación y detallaron: «Llevaremos adelante los deseos de Kusama y, a través del arte, continuaremos brindando esperanza y fortaleza para el futuro a personas de todo el mundo».
Kusama nació el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, en la prefectura de Nagano, Kusama y comenzó a pintar desde niña. A finales de la década de 1950 se trasladó a Estados Unidos y se instaló en Nueva York, donde entró en contacto con la escena artística de vanguardia.
Durante los años 60 desarrolló pinturas, esculturas, performances e instalaciones que rompían con las convenciones de la época. También realizó intervenciones públicas y obras vinculadas con el movimiento pacifista.
El reconocimiento internacional llegó en 1993 cuando representó a Japón en la Bienal de Venecia y, con el paso del tiempo, sus obras comenzaron a ocupar espacios centrales en los principales museos del mundo, como The Broad en Los Ángeles, el Museo de Arte de la Ciudad de Matsumoto en Nagano, el Tate Modern en Londres, Reino Unido y el Museo de Arte Moderno (MoMA) en Nueva York.
Kusama mantuvo su actividad artística incluso durante su vejez. En 1977, comenzó a vivir voluntariamente en una institución psiquiátrica de Tokio por sus alucinaciones y continuó trabajando desde un estudio cercano.
Cómo es el protocolo y ritual japonés ante una muerte
En Japón no existe un único ritual, ya que depende de la religión, la familia y la región. Sin embargo, los funerales budistas son predominantes y representan cerca del 90% de las ceremonias. También existen sintoístas, cristianos y actos no religiosos.
En una ceremonia budista tradicional, después de la muerte se realizan distintos preparativos antes del funeral. Después de la muerte, algunas familias realizan el matsugo no mizu, una antigua práctica que consiste en humedecer con agua los labios del fallecido como símbolo de su último sorbo.
Luego comienza la preparación del cuerpo, que puede incluir el lavado y la colocación de la vestimenta funeraria tradicional. Cuando se utiliza un kimono blanco, se lo cruza de manera inversa: el lado derecho queda por encima del izquierdo, a diferencia de cómo se viste a una persona viva.
Posteriormente, se organiza el velatorio, conocido como otsuya. Los allegados se reúnen para despedir al fallecido y es habitual que realicen una ofrenda de incienso frente al altar. El gesto se llama shoko. También es tradicional vestir de negro y mantener una actitud sobria.
Otra costumbre es el koden, una suma de dinero que los seres queridos entregan a la familia para colaborar con los gastos de la ceremonia. El dinero se presenta dentro de un sobre especial.
El segundo día, Soshiki, un monje budista recita sutras y lleva adelante los distintos ritos religiosos. En muchas ceremonias se entrega al fallecido un Kaimyo, un nombre póstumo que puede aparecer en la lápida.
Alrededor del 99% de las personas fallecidas son cremadas, una práctica que se consolidó durante el siglo XX debido a la falta de espacio. Tras este proceso, comienza el kotsuage, que consiste en recoger los restos óseos y colocarlos en una urna. Los familiares utilizan unos palillos especiales para trasladar los fragmentos, comenzando por los huesos de los pies y avanzando hasta los de la cabeza.
Las cenizas pueden permanecer en el hogar o en el templo durante un periodo de 40 a 49 días antes de ser trasladas a la tumba familiar (ohaka). En casa se instala un altar (Butsudan) con la fotografía del difunto para realizar ofrendas diarias.
Uno de los momentos importantes dentro de las tradiciones de recuerdo es Obon, una celebración anual para honrar a los antepasados.


