El mandatario brasileño optó por el desprecio en lugar del enfrentamiento directo. Ante las agresiones verbales del presidente argentino, quien lo tildó de delincuente y lo insultó durante un acto político en territorio brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva prefirió simular ignorancia sobre la existencia misma de Javier Milei.
## La ironía como escudo diplomático
La escena ocurrió este lunes, momentos antes de que el líder del Partido de los Trabajadores recibiera a su colega de Corea del Sur. Un cronista aprovechó la ocasión para interrogarlo sobre los improperios que el libertario había lanzado horas antes en San Pablo. La réplica fue inmediata y cargada de sarcasmo: «¿Quién es ese tipo?». La pregunta retórica provocó carcajadas entre los asistentes y selló una postura de absoluta minimización del conflicto.
Esta no es la primera vez que el ex sindicalista emplea la indiferencia como táctica frente a provocaciones. Sin embargo, la gravedad del incidente había obligado a su canciller, Mauro Vieira, a salir a cruzar formalmente a Milei. El diplomático calificó los dichos de «inaceptables» y denunció una intromisión en cuestiones de soberanía, aunque abogó por mantener los canales de diálogo abiertos.
## Repercusiones en la cancillería
La crisis entre los dos mayores socios del Mercosur escaló rápidamente. El embajador brasileño en Buenos Aires, Julio Bitelli, fue llamado a la capital federal para deliberaciones y aún permanece sin fecha de regreso. Simultáneamente, el representante argentino en Brasilia, Daniel Raimondi, deberá presentarse ante autoridades del Palacio de Itamaraty para dar explicaciones sobre el comportamiento de su gobierno.
El sábado, durante la presentación de la precandidatura de Flavio Bolsonaro, Milei había arengado contra los gobiernos progresistas de la región. En un discurso de aproximadamente media hora, evitó nombrar a Lula y en su lugar utilizó epítetos como «ladrón» y «presidiario», además de descalificar a las fuerzas de izquierda con términos altisonantes. El economista advirtió que Brasil podría replicar la «distopía» argentina si el electorado optaba por mantener la orientación política actual.
Desde el ministerio de Economía de Brasil, Darío Durigán redobló la apuesta y cuestionó la autoridad moral del libertario para emitir juicios. El funcionario contrastó los indicadores financieros de ambas naciones y calificó de «payaso» al titular del Poder Ejecutivo argentino, señalando que el riesgo país, la deuda pública y la inflación del país austral superan ampliamente los valores brasileños.
La estrategia de Lula, lejos de apaciguar, parece diseñada para exponer la asimetría de la contienda: mientras uno de los líderes grita, el otro simplemente no reconoce interlocutor válido.

