La polémica por un video institucional que borró a José Manuel De la Sota adelantó la interna del PJ cordobés

El gobernador cordobés acelera el proceso de renovación interna para consolidar su hegemonía ante el desplazamiento definitivo de la vieja guardia partidaria.
Martín Llaryora definió mayo como el plazo límite para formalizar su conducción definitiva dentro de la estructura partidaria provincial. Esta decisión busca institucionalizar un mando que hasta ahora operó de forma transicional y que ahora pretende autonomía política plena frente a las estructuras tradicionales del peronismo local.
La omisión de Juan Schiaretti en un homenaje oficial dentro de la Legislatura disparó ruidos internos de peso en el oficialismo. El desplante fue interpretado por diversos sectores como una señal de jubilación política forzada para el exmandatario y generó cortocircuitos inmediatos entre las facciones que conviven en el centro del poder cordobés.
La proyección electoral para las legislativas del próximo año aceleró los tiempos de una sucesión que originalmente se preveía más pausada. Los sondeos obligaron a la mesa chica del gobernador a fortalecer una identidad propia para despegarse del desgaste que arrastran algunos nombres históricos de la coalición gobernante.
A pesar de la verticalidad que intenta imponer el Ejecutivo, las fracturas en el interior de la provincia presentan desafíos para la unidad del bloque. Varios intendentes y referentes regionales resisten un recambio generacional que consideran apresurado y falto de las instancias de negociación habituales que caracterizaron a la gestión anterior.
El escenario político cordobés entra en una fase de reordenamiento donde la lealtad al nuevo proyecto se mide por el nivel de alineamiento directo con la Casa de Gobierno. La configuración de las candidaturas para 2025 determinará si esta transición concluye de forma ordenada o si el oficialismo provincial enfrenta una fragmentación del poder territorial.
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