He esperado dos años para ver en ‘streaming’ una de las series más extrañas de los últimos tiempos: Es de lo mejor de su año

La aceleración del mercado de streaming impone un ritmo de consumo que afecta la experiencia del espectador frente a la pantalla.
El volumen de lanzamientos semanales en las principales plataformas digitales alcanzó un punto de saturación difícil de procesar para el usuario promedio. Las compañías compiten por capturar la atención de una audiencia que dispone de un tiempo limitado ante una oferta que se expande de forma permanente.
Quienes se dedican al análisis de estos contenidos enfrentan una exigencia adicional por cumplir con los cronogramas comerciales. La necesidad de cubrir cada novedad de forma inmediata transforma una actividad de esparcimiento en una tarea mecánica que impide profundizar en los valores narrativos de las producciones.
El concepto de esperar el momento adecuado para ver una obra determinada aparece como una respuesta frente a la cultura de la inmediatez. Elegir cuándo ver una película permite una conexión más honesta con el relato, lejos del ruido que generan las redes sociales y las tendencias pasajeras.
Esta lógica de visualización acelerada afecta tanto a los especialistas como al público general por igual. La urgencia por estar al día para evitar filtraciones o participar en debates virtuales genera un cansancio que termina por desvirtuar el sentido mismo del entretenimiento cinematográfico y televisivo.
El cambio en los hábitos de consumo definirá la estrategia de distribución de las productoras de ahora en adelante. Los analistas sostienen que la calidad de la atención dedicada a una historia es más relevante para la industria que el simple volumen de reproducciones obtenidas durante los primeros días de disponibilidad.
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