‘El silencio de los corderos’ tiene varias escenas míticas, pero nadie habla de la mejor de ellas

El productor Dino De Laurentiis cedió gratis los derechos de Hannibal Lecter convencido de que El silencio de los inocentes sería un fracaso comercial.
Tras el pobre desempeño en taquilla de la película Manhunter en 1986, el influyente productor Dino De Laurentiis consideró que el personaje de Hannibal Lecter no tenía futuro en la pantalla grande. La frialdad del público ante la primera adaptación de la novela de Thomas Harris lo llevó a desestimar cualquier potencial comercial del psiquiatra caníbal.
Cuando la productora Orion Pictures mostró interés en adaptar la siguiente entrega literaria, titulada El silencio de los inocentes, De Laurentiis tomó una determinación insólita para la industria de Hollywood. El empresario decidió entregar los derechos del personaje de manera totalmente gratuita, liberando el camino para que otros desarrollaran el proyecto.
La motivación detrás de este gesto no fue la generosidad, sino un cálculo financiero que resultó fallido. De Laurentiis estaba convencido de que la nueva película repetiría el fracaso de su predecesora y prefirió evitar cualquier vínculo con una producción que, según su visión, carecía de atractivo para las audiencias masivas.
Sin embargo, el largometraje dirigido por Jonathan Demme y protagonizado por Anthony Hopkins y Jodie Foster se transformó en un fenómeno cultural sin precedentes. La cinta no solo recaudó cientos de millones de dólares en todo el mundo, sino que también logró la hazaña de ganar los cinco premios Oscar principales de la Academia.
La historia del cine recuerda este episodio como uno de los errores de cálculo más costosos para un productor independiente. Años después, De Laurentiis tuvo que negociar nuevamente para recuperar al personaje y producir las secuelas, aunque el impacto de su decisión inicial ya era irreversible.
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