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Las fuerzas militares de Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva coordinada contra territorio iraní durante la madrugada del sábado, provocando una respuesta inmediata de Teherán contra bases norteamericanas en Medio Oriente.
El despliegue bélico conjunto se concentró en objetivos estratégicos situados en diversas provincias del país persa durante las primeras horas de hoy. Explosiones de gran magnitud se reportaron en instalaciones de defensa y centros logísticos, marcando un quiebre definitivo en la escalada de tensiones que mantenía la atención sobre la región.
Desde Teherán, los canales oficiales de comunicación desmintieron las versiones iniciales sobre la caída de la cúpula gubernamental. El gobierno local aseguró que sus principales figuras políticas y militares se encuentran a resguardo, manteniendo la operatividad del mando central pese a la intensidad de las incursiones aéreas detectadas.
La respuesta armada no se hizo esperar y las fuerzas iraníes ejecutaron una serie de bombardeos dirigidos a posiciones militares estadounidenses estacionadas en países limítrofes. Fuentes locales confirmaron el uso de misiles de largo alcance y drones para golpear la infraestructura logística de Washington en la zona de conflicto.
El comando central de las potencias occidentales justifica la operación como una medida de seguridad para neutralizar capacidades ofensivas del régimen. Por su parte, la comunidad internacional observa con preocupación el inicio de una fase de enfrentamiento abierto que podría involucrar a otros actores regionales de manera directa.
Los reportes de daños en suelo iraní todavía son preliminares y la censura informativa dificulta la confirmación de bajas civiles o militares. Mientras tanto, las alertas de defensa aérea permanecen activas en ambos frentes ante la posibilidad de una nueva oleada de ataques en las próximas horas.
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