Netanyahu torpedea la hoja de ruta de Trump y tensiona la alianza estratégica

El gobierno israelí decidió plantarse frente a una propuesta elaborada por la administración norteamericana, abriendo una fisura inédita en una relación que hasta ahora parecía inquebrantable. La iniciativa, diseñada para desactivar el conflicto armado en la Franja, topó con la obstinación del ejecutivo de Jerusalén.

## Exigencias máximas sin margen de negociación

Durante el domingo, el premier comunicó que las tropas israelíes no se retirarán del territorio palestino mientras la organización que controla Gaza no entregue íntegramente su potencial bélico. La petición es taxativa: abarca desde fusiles hasta sistemas de mayor envergadura, descartando cualquier fórmula de entrega por etapas. «Desarme total significa cada proyectil, cada rifle, cada cohete», aclaró el dirigente, echando por tierra el borrador confeccionado por los asesores del magnate neoyorquino.

El documento estadounidense proponía una secuencia articulada: el desguace progresivo del aparato militar de Hamás iría de la mano con el repliegue paulatino de las fuerzas de ocupación. Un ente compuesto por técnicos palestinos se haría cargo del material decomisado y administraría el enclave, desplazando a quienes ostentan el poder desde 2007. El mediador búlgaro Nickolay Mladenov había subrayado la imperiosa necesidad de sincronizar ambas dinámicas para evitar colapsos.

## La danza de equilibrio del primer ministro

La negativa de Netanyahu cobra sentido al examinar el tablero doméstico. Itamar Ben Gvir ya había descalificado cualquier acercamiento, mientras que Bezalel Smotrich celebró la postura firme, reivindicando que la meta de la incursión militar era la aniquilación completa del actor armado. «Cero concesiones territoriales», resumió el titular de Economía.

Por su parte, Hamás ratificó su compromiso con el pacto rubricado en El Cairo y cuestionó los cálculos proselitistas detrás de la actitud israelí. Basem Naim, vocero de la facción, reclamó a los actores internacionales que ejerzan influencia sobre Jerusalén para desatascar las conversaciones. El grupo había vinculado previamente su cooperación al estricto cumplimiento de las cláusulas que corresponden al Estado hebreo.

No obstante el portazo diplomático, Netanyahu evitó rozar la ruptura con el inquilino de la Casa Blanca, a quien calificó como «el aliado más valioso» que cruzó las puertas del Despacho Oval. La tibia distancia responde al rompecabezas que debe armar: conservar el amparo republicano, aplacar a su sector más intransigente y afrontar los comicios de otoño sin aflojar el discurso de mano dura. Entretanto, la guerra en Gaza continúa a la deriva, sin rumbo definido hacia la paz.

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