Las marchas también incorporaron a sindicatos y organizaciones sociales que cuestionan la pérdida de poder adquisitivo y el impacto de las medidas de ajuste. La Confederación General del Trabajo (CGT) es uno de los actores sindicales centrales de la movilización.
El sábado 24 de octubre, unas 410.000 personas participaron de las manifestaciones en todo el país, según el recuento de las autoridades, mientras que la CGT elevó la cifra a 800.000. El balance oficial provisional difundido el domingo contabilizó 1.314 detenciones, 53 policías heridos y 24 comercios saqueados. Las cifras reflejan una jornada de gran magnitud, aunque con diferencias sustanciales entre las estimaciones oficiales y las sindicales.
La protesta se convirtió en un desafío político para Macron, que enfrenta la presión de los sindicatos, los estudiantes y sectores afectados por las restricciones fiscales. Las próximas convocatorias incluyen una nueva jornada sindical prevista para el 5 de noviembre.
España: la crisis de la vivienda y los disturbios juveniles en Barcelona
El acceso a la vivienda es el principal motor de las protestas sociales en España. Los alquileres elevados, la escasez de inmuebles asequibles y las dificultades para independizarse alimentan el malestar de los jóvenes y de los sectores de ingresos medios y bajos.
Una de las principales movilizaciones del otoño se realizó el 26 de septiembre en Madrid, después del desahucio de una inquilina conocida como Maricarmen. La Delegación del Gobierno calculó una asistencia de al menos 25.000 personas, mientras que el Sindicato de Inquilinas estimó una concurrencia mucho mayor. La convocatoria se convirtió en una referencia para los movimientos por la vivienda de otros países europeos.
Los sindicatos de inquilinos y las organizaciones por el derecho a la vivienda reclaman medidas para frenar los desalojos, limitar los abusos en los alquileres y ampliar la oferta de viviendas asequibles. En paralelo, los docentes de la enseñanza pública madrileña mantienen una huelga indefinida iniciada el 14 de octubre.
A ese escenario se sumaron los graves disturbios registrados en Barcelona el sábado 24 de octubre. La convocatoria juvenil, difundida principalmente por TikTok, terminó con saqueos, incendios y enfrentamientos con los Mossos d’Esquadra. El balance policial difundido el domingo contabilizó 128 detenidos, 72 de ellos menores de edad, y 15 agentes heridos, cuatro de gravedad.
La convocatoria había sido presentada bajo el lema «Por la calidad del instituto», aunque las investigaciones apuntan a que algunos grupos utilizaron las redes y aplicaciones de mensajería para organizar actos vandálicos. Por eso, los incidentes de Barcelona deben distinguirse de las movilizaciones sociales organizadas por la vivienda y la educación: comparten parte del malestar juvenil, pero no constituyen un único movimiento ni responden necesariamente a las mismas reivindicaciones.
Italia: alquileres, salarios y rechazo a las políticas de Meloni
Italia también enfrenta una escalada de movilizaciones que combina reclamos económicos, críticas al Gobierno de Giorgia Meloni y protestas contra las guerras en Medio Oriente.
El encarecimiento de los alquileres y la falta de inversión en educación y servicios sociales impulsan la participación de jóvenes en ciudades como Milán, Roma, Bolonia, Florencia, Nápoles y Turín. A mediados de octubre, las manifestaciones también incluyeron el rechazo a una norma que limita al 30% la presencia de determinadas categorías de alumnos extranjeros en las clases de primer año.
Los incidentes del 18 de octubre en Milán, cuando grupos de jóvenes vandalizaron comercios y saquearon locales, llevaron al Gobierno a reforzar el despliegue de seguridad. Para la jornada del sábado 24 se dispusieron operativos policiales y militares en distintas ciudades.
Miles de personas volvieron a marchar ese día por el costo de vida, las políticas de Meloni y el rechazo a los conflictos armados. Según el balance publicado por Euronews, las movilizaciones fueron mayormente pacíficas, aunque hubo episodios de tensión y nueve detenciones en todo el país.
El frente sindical también prepara nuevas medidas. La CGIL, una de las principales centrales obreras italianas, convocó una huelga general para el 20 de noviembre. A la vez, los transportistas del sur del país protestan contra el costo del combustible, con el gasóleo en torno a los 2,30 euros por litro.
Portugal: la vivienda desata protestas y enfrentamientos por los desalojos
Portugal atraviesa una de las crisis de acceso a la vivienda más agudas de Europa. El aumento de los precios inmobiliarios, los alquileres y la falta de oferta asequible afectan especialmente a los jóvenes, que encuentran cada vez más dificultades para independizarse.
El sábado, miles de personas marcharon por Lisboa para reclamar medidas urgentes. Después de la movilización, los activistas instalaron más de 100 tiendas de campaña en la plaza del Rossio, en una acción que buscaba visibilizar las dificultades para conseguir una vivienda.
La respuesta policial llegó durante la madrugada del domingo. Los agentes desalojaron el campamento de Lisboa y otro instalado en Oporto. El operativo terminó con 25 detenidos en la capital y seis en Oporto, según la información difundida por Reuters. Mientras la Policía informó siete heridos leves en ambas intervenciones, la organización Casa para Viver denunció que 60 personas resultaron heridas y convocó a una nueva protesta frente al Parlamento.
Los manifestantes exigen que el Gobierno retire un proyecto legislativo que facilita los desalojos y elimina los límites a los alquileres de nuevos contratos. También reclaman medidas contra la especulación inmobiliaria y un aumento de la oferta pública de viviendas.
La Confederación General de los Trabajadores Portugueses (CGTP) es otro de los actores centrales de la protesta social y convocó una manifestación frente al Parlamento para el 24 de noviembre. El conflicto por la vivienda se transformó así en uno de los principales desafíos sociales para el Gobierno portugués.
Grecia: estudiantes y docentes reclaman más inversión y salarios dignos
En Grecia, las protestas están encabezadas por estudiantes, docentes y trabajadores del sector público, que reclaman mayor financiamiento para la educación, mejoras salariales y soluciones a la crisis habitacional.
El miércoles 21 de octubre, más de 10.000 personas marcharon por Atenas, según la Policía, en una jornada que también tuvo manifestaciones en Salónica, Patras y otras ciudades. La movilización se realizó en el marco de una huelga de 24 horas convocada por el sindicato de docentes de primaria DOE.
Los profesores denuncian la falta de personal, el deterioro de los edificios escolares y salarios insuficientes frente al costo de vida. Entre las demandas figuran un aumento salarial del 20%, mejores condiciones laborales y ayudas para afrontar los alquileres.
Los estudiantes, por su parte, cuestionan que el subsidio de 120 euros mensuales para vivienda sea insuficiente y se pague al final del año. Reclaman más residencias universitarias, alojamiento accesible y una mayor inversión estatal en educación.
Las marchas se desarrollaron mayormente de forma pacífica, aunque con un importante despliegue policial. El conflicto griego comparte con el resto de Europa la dificultad de los jóvenes para sostener sus estudios y acceder a una vivienda, en un contexto de aumento de los gastos cotidianos.
Bélgica: estudiantes y sindicatos contra los recortes presupuestarios
Bélgica se sumó a la ola de protestas con movilizaciones contra las restricciones presupuestarias y las políticas socioeconómicas del Gobierno federal encabezado por Bart De Wever.
En Bruselas, docentes, estudiantes y trabajadores cuestionan la reducción de recursos para la educación y reclaman mejores condiciones en las escuelas. El sábado 24 de octubre, cientos de jóvenes volvieron a manifestarse y se registraron enfrentamientos con la Policía, que utilizó gases lacrimógenos y gas pimienta.
La protesta se inscribe en una secuencia de movilizaciones que ya había reunido a decenas de miles de personas en la capital. En la jornada del 9 de octubre, los sindicatos calcularon 50.000 asistentes, mientras que la Policía estimó 30.000. La convocatoria incluyó ferroviarios, docentes, empleados públicos, estudiantes universitarios y secundarios.
El rechazo a los recortes educativos se convirtió en uno de los principales puntos de contacto con las protestas francesas. En ambos países, el movimiento estudiantil cuestiona el deterioro de la infraestructura escolar y la insuficiencia de recursos públicos.
Albania: la corrupción y la falta de oportunidades ponen en jaque al Gobierno
En Albania, el conflicto adquirió un carácter más abiertamente político. Las protestas encabezadas por estudiantes y sectores de la oposición reclaman la renuncia del primer ministro Edi Rama, en el poder desde 2013, y denuncian corrupción, falta de empleo y deterioro de los servicios públicos.
Las movilizaciones comenzaron meses atrás contra un proyecto inmobiliario de lujo en la costa, respaldado por intereses empresariales vinculados con Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump. Con el inicio del ciclo lectivo, las demandas se ampliaron para incluir el financiamiento educativo, las tasas universitarias y la corrupción en el sistema.
El sábado 24 de octubre, la Policía antidisturbios utilizó gases lacrimógenos, cañones de agua y balas de goma para dispersar a manifestantes en Tirana. Hubo ataques contra edificios públicos y enfrentamientos en los que se arrojaron piedras y otros objetos contra los agentes.
Los estudiantes exigen mayor inversión en educación y mejores oportunidades laborales. Otros sectores reclaman cambios políticos más profundos y la salida de Rama, a quien responsabilizan por los escándalos de corrupción y la falta de perspectivas para los jóvenes. El Gobierno rechaza las acusaciones y sostiene que los episodios violentos no pueden confundirse con el derecho a la protesta.
Serbia: el movimiento estudiantil mantiene la presión contra el poder político
En Serbia, el movimiento estudiantil lleva casi dos años de movilizaciones tras el derrumbe de una estación ferroviaria en Novi Sad, en noviembre de 2024, que causó 16 muertes. Los manifestantes reclaman responsabilidades políticas, transparencia y medidas contra la corrupción.
Las protestas derivaron en una crisis para el Gobierno de Aleksandar Vui y forzaron el adelanto de las elecciones. El movimiento se presenta bajo la denominación Lista de Estudiantes y se consolidó como una fuerza política con capacidad para disputar el poder.
El jueves 22 de octubre, unas 150.000 personas se concentraron en Belgrado, según recuentos independientes. La convocatoria refleja una movilización que excede el reclamo por la tragedia ferroviaria y cuestiona el funcionamiento de las instituciones y la relación entre el poder político y los organismos de control.
A diferencia de las protestas centradas en la vivienda o los salarios, el caso serbio tiene como eje la rendición de cuentas y la lucha contra la corrupción. El movimiento estudiantil se convirtió en uno de los principales actores de la oposición.
Alemania: rechazo al rearme y a los recortes en pensiones y salud
Alemania también registra movilizaciones, aunque de menor magnitud que las de Francia, España o Portugal. Una parte de las protestas se concentra en el rechazo al servicio militar y al aumento del gasto en defensa, en un contexto de debate sobre el rearme europeo.
El malestar también alcanza a los sindicatos, que cuestionan los recortes en pensiones y sanidad. El 26 de septiembre, organizaciones sindicales reunieron a unas 175.000 personas, según sus propios cálculos, para protestar contra esas medidas.
El reclamo alemán muestra que la ola europea no se limita a la crisis de la vivienda o la educación. También incluye el debate sobre las prioridades presupuestarias, el gasto militar y la protección social en un escenario internacional marcado por la guerra en Ucrania.




