La astronauta francesa Sophie Adenot regresó a la Tierra después de pasar ocho meses a bordo de la Estación Espacial Internacional (EEI) y, tras una experiencia, dejó un testimonio desalentador para los planes de la humanidad de conquistar otros horizontes espaciales: «El ser humano no está preparado para ir a Marte».
Las palabras de la astronauta tuvieron lugar en una conferencia de prensa organizada por la Agencia Espacial Europea (ESA) en Colonia, Alemania, cinco días después de amerizar en el océano Pacífico. En la misma, Adenot sostuvo que todavía precisamos conquistar «avances tecnológicos revolucionarios» para llegar al gigante rojo.
La llegada del hombre a Marte es uno de los grandes anhelos del sector aeroespacial desde que se puso un pie en la luna el 24 de julio de 1969. En la actualidad, diversos actores privados y públicos – NASA, SpaceX, la Agencia Espacial Europea, entre otros – trabajan en el siguiente gran objetivo. Actualmente, se estima que un viaje al gigante rojo podría demandar entre seis y nueve meses, tiempo similar al que Adenot permaneció en la EEI.
Los límites humanos
En su relato, la francesa contó que, apenas se abrió la cápsula tras su regreso, pidió volver al espacio. El movimiento del mar le provocó malestar y le hizo sentir que las condiciones en órbita eran más favorables. Sin embargo, rápidamente llegó a otra conclusión: la tecnología actual todavía no permite afrontar un viaje a Marte sin importantes dificultades.
La astronauta recordó que más del 50% de quienes viajan al espacio experimentan síntomas similares a los que sufrió tras regresar, como debilidad extrema y vómitos. Además, explicó que las consecuencias varían entre personas e incluso pueden ser diferentes para un mismo astronauta en distintas misiones.
El principal desafío que surge entonces es la duración del trayecto, Sin embargo, hay otro detalle de máxima importancia: las condiciones de las misiones como la de Adenot – en la EEI – son más favorables que las que podría ofrecer una nave de transporte, ya que los astronautas pueden mantenerse físicamente activos y disponer de espacios más amplios para su estadia.
«Entonces, con la tecnología que tenemos actualmente, una misión de muy larga duración, un viaje de varios meses para llegar a Marte… Imaginen el desastre», advirtió. Según explicó, una travesía de esas características podría generar limitaciones fisiológicas y dificultades para realizar incluso las tareas más básicas.
La solución, de acuerdo con Adenot, requiere avances que permitan reducir el tiempo de viaje o recrear condiciones más adecuadas para el cuerpo humano durante el trayecto.
Entre las alternativas mencionó la posibilidad de incorporar gravedad artificial mediante una nave espacial que gire sobre sí misma, de modo que sus tripulantes permanezcan expuestos a una forma de gravedad durante el recorrido.
«En cambio, si logramos avances tecnológicos revolucionarios que nos permitan acelerar el viaje y, por ejemplo, contar con gravedad artificial mediante una nave espacial que gire sobre sí misma, de modo que los astronautas estén siempre expuestos a una forma de gravedad, en ese caso podría funcionar. Pero, efectivamente, todavía necesitamos superar algunas etapas clave«, concluyó.
Una tierra «sin fronteras»
La otra parte del discurso de Adenot estuvo enfocada en lo que aprendió la cosmonauta sobre el valor de la vida al observar la Tierra desde el espacio, donde no se distinguen divisiones ni fronteras.
«El espacio es duro, pero también nos une. He intentado de ver divisiones y fronteras (desde el espacio), pero no las he visto. Lo que sí que he visto desde la ventanilla es que la Tierra es preciosa, la que todos compartimos«, declaró.
Adenot es la segunda francesa en viajar al espacio, después de Claudie Haigneré, quien lo hizo en 1996. La astronauta calificó la misión como «exitosa» y señaló que su principal desafío ahora es «mantenerse ella sola de pie» mientras se adapta nuevamente a la gravedad terrestre.
Durante los ocho meses en la EEI, Adenot sumó una nueva experiencia a una trayectoria que incluye estudios de ingeniería en Toulouse, un paso por Airbus y más de 3.000 horas de vuelo en 22 helicópteros militares. Su participación en la misión también la consolidó como una de las figuras públicas más respetadas de Francia y un referente del empoderamiento femenino.


