Un ranking internacional ubicó al país en el puesto 24 entre 123 naciones, con un 70% de transacciones diarias realizadas con dinero físico. Mientras el mundo avanza hacia los pagos digitales, la economía argentina sigue dependiendo del billete.
En tiempos donde el avance tecnológico redefine la forma de pagar, la Argentina se mantiene como una de las economías donde el uso del efectivo sigue predominando. Según un informe de Visual Capitalist, elaborado a partir de datos de Forex.se, el país ocupa el puesto 24° entre 123 naciones con un 70% de las transacciones diarias realizadas con billetes o monedas.
El estudio refleja un contraste claro entre el desarrollo de los pagos digitales y la persistencia del dinero físico como medio de intercambio. Mientras en países europeos y asiáticos el efectivo se convierte en una rareza, en gran parte de América Latina y África sigue siendo la herramienta central del consumo cotidiano.

La “trampa del efectivo”
El informe distingue tres grupos de países: los más pobres, los de ingresos medios y los desarrollados. En los primeros, la falta de infraestructura bancaria y digital mantiene la dependencia del efectivo. Myanmar lidera el ranking con un 98% de uso, seguido por Etiopía y Gambia (95%).
En el grupo de ingresos medios, donde se ubica la Argentina, predominan economías con un crecimiento moderado, pero con baja inclusión financiera. Allí están también México (80%), India (70%) y Tailandia (65%). Según el informe, este fenómeno es parte de lo que se denomina la “trampa de los ingresos medios”, donde el desarrollo económico no garantiza una digitalización profunda.
La Argentina comparte posición con países como Colombia, Haití, Indonesia y Ucrania, todos con un uso de efectivo que ronda el 70%. Esto revela una brecha estructural entre la expansión de la tecnología y su aplicación real en las prácticas financieras diarias.
Factores económicos y culturales
El informe señala que en los países donde el efectivo se mantiene fuerte influyen factores económicos, culturales y tecnológicos. En muchos casos, los comerciantes no pueden afrontar los costos de instalar terminales de pago digital, mientras que una parte significativa de la población no tiene acceso a servicios bancarios.
A esto se suma la desconfianza hacia las instituciones financieras y la inestabilidad económica, que lleva a muchos argentinos a preferir el efectivo como una forma de resguardo o control directo del dinero.
“El efectivo sigue siendo el medio más simple, confiable y económico en entornos con baja bancarización”, explica el estudio. Sin embargo, advierte que esta dependencia limita el acceso al crédito y al ahorro seguro, lo que refuerza los ciclos de informalidad económica.
El otro extremo: economías casi sin billetes
En contraste, los países con ecosistemas digitales avanzados están reduciendo al mínimo el uso del dinero físico. En Suecia, por ejemplo, solo el 14% de las operaciones se realizan en efectivo; en Noruega y Corea del Sur, apenas un 10%.
Allí, el desarrollo de pagos móviles, infraestructura bancaria sólida y marcos regulatorios confiables consolidaron una economía prácticamente sin billetes. En China, el fenómeno es aún más extremo: con plataformas como Alipay y WeChat Pay, los pagos digitales reemplazaron casi por completo al efectivo, con apenas un 10% de uso.
Un hábito difícil de reemplazar
En la mitad de la tabla global aparecen países como Alemania (51%) o Japón (60%), que, a pesar de su desarrollo, mantienen un alto uso de efectivo por razones culturales. En el caso alemán, el estudio menciona la búsqueda de privacidad y la resistencia a las grandes instituciones bancarias.
En América Latina, la situación es más heterogénea. Brasil muestra un uso de efectivo del 22%, mientras Uruguay alcanza el 30%, ambos con niveles de bancarización más altos que la Argentina.
Según los especialistas, el país enfrenta un desafío doble: mejorar la inclusión financiera y reducir la informalidad, dos condiciones necesarias para avanzar hacia una economía digital más estable y transparente.
Digitalización en pausa
La pandemia aceleró el uso de billeteras virtuales y transferencias electrónicas, pero el avance se frenó. El acceso desigual a la conectividad, la falta de incentivos fiscales y el alto costo de las operaciones digitales son obstáculos que mantienen al efectivo como el protagonista.
En zonas rurales o con baja infraestructura bancaria, los pagos digitales siguen siendo una excepción. “Mientras haya sectores sin acceso a internet o sin cuentas bancarias, el efectivo va a seguir mandando”, resumen desde el informe.
El desafío para la Argentina, remarcan los analistas, será encontrar un equilibrio entre la inclusión financiera y la digitalización real, evitando que las soluciones tecnológicas queden restringidas a los grandes centros urbanos.

