Hay historias que parecen escritas de antemano. Sebastián «Paco» Festa llegó a Comodoro, en un principio, era con la intención de participar de una cena aniversario por los 20 años del histórico campeonato que Gimnasia conquistó en 2006.
Sin embargo, el destino le tenía preparada una sorpresa mucho más grande: terminó siendo testigo privilegiado de una nueva consagración del «Verde» y celebrando desde las tribunas del Socios el segundo título en la LNB.
El exbase, una de las figuras de aquel equipo dirigido por Gabriel Cocha que hizo historia hace dos décadas, regresó a una ciudad donde dejó una huella imborrable. Lo que en principio iba a ser un viaje cargado de recuerdos y homenajes terminó convirtiéndose en una experiencia todavía más especial, ya que pudo vivir en primera persona la coronación de una nueva generación de jugadores que volvió a colocar a Gimnasia en lo más alto del básquetbol argentino.
La coincidencia fue tan perfecta como inesperada. Festa había organizado su viaje para reencontrarse con excompañeros, dirigentes e hinchas en una celebración vinculada a la conquista de 2006.
Pero mientras se acercaba la fecha de aquella cena, el equipo dirigido por Pablo Favarel avanzaba en los playoffs, se instalaba en una nueva final y el festejo fue cancelado con bastante anticipación.
“Nosotros veníamos a festejar con una cena aniversario por los 20 años del campeonato y de repente Gimnasia llegó a una final nuevamente. Es una cosa increíble”, reconoció con una sonrisa que reflejaba el asombro de quien todavía no terminaba de creer lo que estaba viviendo.

Para Festa, la experiencia tuvo un significado especial. No sólo porque pudo revivir aquellos momentos históricos que marcaron una etapa muy importante de su carrera, sino porque además observó cómo el club volvió a alcanzar la gloria dos décadas después.
“Algo de lo que hablábamos era de la pertenencia que logramos nosotros cuando ganamos de la mano de Gabi Cocha. La verdad es una satisfacción estar acá disfrutando de este momento”, expresó.
Durante la previa de la definición frente a Quimsa, el exjugador siguió atentamente cada detalle de la serie y destacó el trabajo realizado por el plantel actual para llegar a una nueva consagración.
Pero además de hablar del presente, también miró hacia atrás y comparó distintas épocas de la Liga Nacional. Festa recordó los años en los que comenzó su carrera profesional y la enorme exigencia que representaba competir contra algunas de las máximas figuras del básquetbol argentino.
“Cuando tenía 17, 18 o 20 años, me sentaba a jugar con el Tola Cadillac, con Raffaelli, con Oroño y te enfrentabas a equipos que tenían a Milanesio. Eran todos jugadores de selección y había que aprovechar cada momento”, recordó.
A pesar de reconocer las diferencias entre aquel contexto y el actual, consideró que los jóvenes jugadores argentinos tienen hoy una oportunidad muy importante para desarrollarse y ganar protagonismo dentro de la competencia.

“Ahora veo una gran posibilidad para los chicos. Quizás no tanto para el espectáculo, pero si yo fuera un jugador de 20 años, aprovecharía esta oportunidad. Ya no tengo enfrente a Raffaelli o a Pepe Sánchez y puedo tener más protagonismo. Argentina sigue teniendo buenos entrenadores y una gran Liga. Es una gran oportunidad para que los jóvenes crezcan, se desarrollen y puedan dar el salto”, analizó.
Sin embargo, más allá de cualquier análisis deportivo, la emoción de Festa estuvo ligada a lo que representa Gimnasia para su propia historia. El regreso a Comodoro le permitió reencontrarse con viejos afectos, recorrer lugares conocidos y revivir recuerdos de una etapa que marcó profundamente su carrera.
“Es un placer estar acá en Gimnasia, recordando cosas. Cuando venía para acá, empecé a encontrarme con gente y acordarme de los momentos vividos. Es una satisfacción muy grande estar acá apoyando a Gimnasia”, sostuvo.
“Ya lo hablé con los dirigentes y con la gente. La verdad es que es un placer que hayan vuelto a llegar a una final después de 20 años, con lo que cuesta hacerlo desde un lugar tan austral”, afirmó.
Quizás nadie imaginó una coincidencia semejante. Veinte años después, el destino volvió a reunir a Paco Festa con un equipo campeón. Y esta vez pudo comprobar que aquella historia gloriosa que ayudó a escribir no quedó solamente en el pasado: Gimnasia volvió a tocar el cielo y él estuvo allí para verlo.


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