30 años después, sigue siendo una de las frases más míticas de las telenovelas: su actriz piensa que el éxito se debe a un «halo divino»

El éxito global de Los Ricos También Lloran en 1979 estableció la fórmula narrativa y el modelo de negocio que dominaría la ficción televisiva en Latinoamérica por décadas.
La aparición de la telenovela mexicana Los Ricos También Lloran en 1979 marcó un hito ineludible en la historia del consumo televisivo de América Latina. La producción de Televisa, protagonizada por Verónica Castro, generó un nivel de audiencia inédito que instaló al melodrama como el género dominante en los horarios centrales de Argentina y la región.
El impacto cultural de esta serie trascendió las fronteras de México, convirtiéndose en el estándar que paralizaba los hogares y generaba debates sociales cotidianos. Los picos de rating demostraron la capacidad de la ficción para articular una audiencia masiva y fiel, sentando las bases del fenómeno que posteriormente se conocería como la euforia por los culebrones.
Décadas después, el modelo narrativo demostró su vigencia a través de la práctica de las reversiones. En 1995, se estrenó la adaptación María la del Barrio, que recuperó la estructura dramática original. Este remake, encabezado por Thalía, replicó el éxito de su predecesora, demostrando la solidez comercial de las tramas clásicas.
La estrategia de reestructurar narrativas probadas con nuevas figuras principales se consolidó como una pauta de la industria audiovisual mexicana. La circulación internacional de estas producciones garantizó la exportación de un formato rentable que dominó los canales abiertos en Argentina durante gran parte de los años noventa y principios del siglo XXI.
El legado de ambas producciones radica en su capacidad para definir una era del entretenimiento doméstico. A pesar de los cambios tecnológicos y la irrupción de las plataformas de streaming, Los Ricos También Lloran y sus sucesoras continúan siendo referencias obligadas al analizar la evolución de la ficción popular.
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