La muerte del líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación durante un operativo de las fuerzas federales el pasado 22 de febrero mantiene al estado bajo una estricta vigilancia militar mientras la población intenta retomar sus actividades habituales.
El operativo ejecutado por las fuerzas federales terminó con la vida del máximo referente del Cártel de Jalisco Nueva Generación en una intervención directa contra la cúpula de la organización. La acción militar representa un golpe seco a la estructura de mando de uno de los grupos criminales con mayor despliegue territorial en el país.
Tras la confirmación de la baja, las autoridades nacionales reforzaron la seguridad en los puntos estratégicos de la región para prevenir posibles reacciones violentas de las células operativas. Los patrullajes del Ejército y la Guardia Nacional se concentran en las zonas urbanas y las rutas principales que conectan con otros estados vecinos.
EEUU sigue reforzando su despliegue en Medio Oriente y lanza cazas furtivos F-22Los ciudadanos de Jalisco intentan restablecer su rutina diaria en medio de un clima de vigilancia permanente y puestos de control en las calles. Si bien los comercios y las escuelas funcionan, la cautela domina el espacio público ante la posibilidad de nuevos enfrentamientos entre facciones delictivas.
El gobierno federal ratificó la validez del procedimiento y aseguró que las tareas de inteligencia continuarán para desarticular el poder financiero de la organización. Analistas de seguridad advierten que la eliminación del cabecilla abre una etapa de reconfiguración interna que podría alterar el equilibrio de fuerzas en el territorio.
La gestión de la seguridad pública enfrenta ahora el desafío de evitar que el vacío de poder derive en una escalada de violencia por el control de las rutas de tránsito. El estado permanece en alerta mientras se evalúa el impacto real de la pérdida de mando sobre la capacidad de fuego de la estructura criminal.
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