La suba de tasas y la inflación por la guerra amplifican las fragilidad del modelo de Caputo

El plan económico oficial enfrenta una prueba decisiva ante el encarecimiento del crédito global y la resistencia de la inflación local a seguir bajando.
El programa económico nacional atraviesa una etapa de fragilidad al verse afectados sus dos pilares fundamentales. La suba de las tasas de interés internacionales y el estancamiento de la desinflación generan fisuras en una estrategia que hasta ahora dependía de la estabilidad de estas variables para sostenerse.
En el frente externo, el endurecimiento de la Reserva Federal y otros bancos centrales encarece el financiamiento para los mercados emergentes. Los bonos globales argentinos alcanzaron un rendimiento del diez por ciento, un nivel que presiona al riesgo país y complica las proyecciones financieras del Tesoro para el corto plazo.
Las necesidades de financiamiento son críticas ante vencimientos de deuda que suman quince mil millones de dólares este año y otros veintiocho mil millones en dos mil veintisiete. La falta de divisas nuevas y las dificultades para recuperar el crédito externo transforman una variable técnica en un condicionante político directo para el gobierno.
La inflación local muestra señales de agotamiento en su tendencia a la baja después de varios meses de retroceso. El impacto de los precios internacionales de la energía y una actividad económica que no logra repuntar proyectan un índice de marzo por encima del tres por ciento, afectando el consumo y el poder adquisitivo.
El control de precios representa el principal activo político de la actual gestión para sostener el ajuste fiscal. Si este resultado se debilita, el pacto implícito con la sociedad para aceptar el recorte de ingresos corre el riesgo de quebrarse, dejando a la estrategia oficial sin su herramienta de legitimación más potente.
SDN Digital, solo información.
