La guerra entre Rusia y Ucrania se encamina hacia un enfrentamiento de desgaste prolongado tras más de dos años de hostilidades ininterrumpidas.
El conflicto bélico que comenzó el 24 de febrero de 2022 marcó un quiebre definitivo en la seguridad geopolítica de Europa del Este. Lo que inicialmente se proyectaba como una operación de rápida resolución derivó en una confrontación de gran escala entre las fuerzas de Moscú y la resistencia de Kiev.
Las sucesivas instancias de diálogo diplomático no lograron establecer un cese al fuego duradero ni acuerdos mínimos de paz. A pesar de los intentos de mediación internacional, las posiciones de ambos gobiernos permanecen inflexibles respecto al control territorial y la soberanía de las regiones en disputa.
EEUU sigue reforzando su despliegue en Medio Oriente y lanza cazas furtivos F-22Las operaciones militares ingresaron ahora en una fase de desgaste donde el control de cada kilómetro cuadrado demanda un costo humano y material elevado. La artillería pesada y el uso intensivo de tecnología aérea definen la dinámica de un frente de batalla que se mantiene mayormente estancado.
Las fuerzas rusas consolidaron posiciones defensivas mientras Ucrania busca sostener su capacidad operativa mediante el apoyo logístico externo. La fatiga de las tropas y la escasez de suministros críticos condicionan las decisiones estratégicas de los comandos militares en ambos lados de la frontera.
El horizonte inmediato no ofrece señales claras de una salida negociada que ponga fin a la violencia armada. Mientras el combate persiste, las consecuencias económicas y sociales continúan afectando la estabilidad global y redefiniendo las alianzas estratégicas en todo el planeta.
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