La CIA impulsa un plan para armar a las fuerzas kurdas y alentar un levantamiento en Irán

El gobierno de los Estados Unidos evalúa fortalecer su alianza con las milicias kurdas como herramienta de presión para incentivar un proceso de desestabilización interna en Irán.
El Departamento de Estado inició un análisis técnico para reactivar el flujo de recursos hacia organizaciones kurdas que operan en las zonas limítrofes de la república islámica. El objetivo central de esta maniobra consiste en dotar de mayor capacidad operativa a los grupos que mantienen una oposición activa contra el régimen de Teherán.
Esta estrategia representa un giro en la política exterior norteamericana al priorizar el apoyo a minorías étnicas para canalizar el descontento civil. Los asesores de seguridad nacional consideran que un aumento de la conflictividad en las provincias periféricas obligaría al gobierno iraní a replegar sus fuerzas militares hacia el interior del país.
La Casa Blanca proyecta que el respaldo logístico a los combatientes kurdos servirá para erosionar la estructura de control de la Guardia Revolucionaria en puntos estratégicos. La intención oficial es fomentar un clima de insurrección que debilite la toma de decisiones del liderazgo religioso y político iraní.
En el ámbito regional, los aliados de Washington analizan las posibles consecuencias de un despliegue que podría alterar los pactos de seguridad vigentes en la zona. La efectividad del plan depende de la coordinación entre las distintas facciones kurdas y su capacidad para sostener una resistencia prolongada frente a las fuerzas estatales.
Hasta ahora, las negociaciones se desarrollan bajo estricta reserva diplomática mientras se evalúan los riesgos de una respuesta asimétrica por parte de Irán. El financiamiento de estos grupos civiles armados marca el inicio de una fase de mayor hostilidad en el vínculo bilateral entre ambas potencias.
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