La masacre de Puerto Hurraco selló con sangre una disputa vecinal de décadas y dejó una huella imborrable en la historia criminal española.
La tarde del 26 de agosto de 1990 cambió para siempre la fisonomía de Puerto Hurraco, una pequeña pedanía en la provincia de Badajoz. Los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo salieron a la calle principal armados con escopetas de postas y dispuestos a ejecutar un plan largamente meditado. Su objetivo principal era la familia Cabanillas, con quienes mantenían un enfrentamiento violento desde hacía generaciones.
El ataque comenzó de forma repentina y brutal contra cualquier persona que se cruzara en su camino. Las primeras víctimas fueron dos niñas de la familia rival, de apenas 12 y 14 años, que jugaban en la vereda. El tiroteo se extendió por varios minutos y alcanzó a vecinos que nada tenían que ver con el conflicto original entre los clanes.
EEUU sigue reforzando su despliegue en Medio Oriente y lanza cazas furtivos F-22El origen del odio se remontaba a una disputa por límites de tierras y un incendio trágico ocurrido años antes en el que murió la madre de los agresores. Los Izquierdo culparon siempre a los Cabanillas por aquel incidente, alimentando un deseo de venganza que fue instigado también por sus hermanas, Luciana y Ángela. La hostilidad entre ambas familias ya había registrado enfrentamientos previos sin intervención efectiva de las autoridades locales.
Tras la matanza, los hermanos huyeron a los cerros cercanos donde permanecieron ocultos hasta que fueron capturados por la Guardia Civil a la mañana siguiente. Al ser detenidos, manifestaron una frialdad absoluta y aseguraron que su intención era continuar con los crímenes. El balance final de la tragedia fue de nueve muertos y numerosos heridos de gravedad que sufrieron secuelas permanentes.
La justicia española condenó a los tiradores a penas que sumaban casi setecientos años de prisión, donde finalmente ambos fallecieron por causas naturales. El caso de Puerto Hurraco pasó a ser un referente del estudio de la violencia rural y el peso de las rencillas familiares en la España profunda. La masacre fue llevada incluso al cine y la literatura como uno de los episodios más oscuros de la crónica negra europea.
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