La genialidad matemática de John Nash convivió con una esquizofrenia que lo llevó a imaginar conspiraciones globales y a reclamar soberanía sobre la Antártida.
John Forbes Nash es recordado por sus aportes fundamentales a la teoría de juegos, pero su trayectoria estuvo atravesada por una crisis de salud mental que alteró su percepción de la realidad. El matemático estadounidense comenzó a manifestar signos de paranoia que lo alejaron de la vida académica tradicional y lo sumergieron en un mundo de sospechas constantes.
Entre sus obsesiones más recurrentes figuraba la idea de que los hombres que utilizaban corbatas rojas integraban una organización secreta de carácter criptocomunista. Nash estaba convencido de que este grupo operaba en las sombras con el único fin de perjudicarlo, una visión que lo llevó a aislarse de su entorno social y profesional por largos periodos.
La actriz de ‘Cuéntame’ que piensa que revivir la serie por su 25 aniversario es «cargarse su legado»Esa desconexión con lo real se tradujo en una serie de misivas enviadas a distintas delegaciones diplomáticas alrededor del mundo. En esos escritos, el futuro premio Nobel se presentaba formalmente bajo el cargo de presidente de la Antártida, argumentando la creación de un nuevo orden gubernamental bajo su mando directo.
A pesar de la gravedad de sus cuadros psicóticos, su capacidad intelectual permaneció latente mientras los tratamientos médicos intentaban estabilizar su psiquis. Con el paso de las décadas, Nash logró un retorno gradual a la actividad científica que culminó con el reconocimiento internacional más alto de su disciplina y el respeto de sus pares.
Su historia se convirtió en un símbolo sobre la fragilidad de la mente humana y la resiliencia necesaria para superar trastornos severos. Hoy su legado se divide entre sus hallazgos teóricos que rigen mercados financieros globales y las crónicas de su batalla personal contra sus propios pensamientos.
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