En el gobierno afirman que Sturzenegger es el autor de los apodos de Milei a los empresarios

El ministro Federico Sturzenegger impulsa una estrategia de confrontación directa contra los principales empresarios industriales del país mediante el uso de sobrenombres despectivos que el presidente Javier Milei replica en sus intervenciones públicas.
El Ministerio de Desregulación y Transformación del Estado se convirtió en la usina de los calificativos que el Poder Ejecutivo utiliza para cuestionar a los referentes de la industria nacional. Fuentes oficiales confirman que Federico Sturzenegger es el autor intelectual de los apodos con los que el mandatario ataca a los empresarios que resisten la política de apertura económica.
La disputa con el Grupo Techint escaló tras la decisión oficial de liberar la exportación de chatarra, una medida que afectó el suministro local buscado por Paolo Rocca. A este foco de conflicto se sumó la derrota de la firma en la licitación de caños para el gasoducto de Vaca Muerta, donde el Gobierno acusó a la compañía de ofrecer precios superiores a los del mercado internacional.
Sturzenegger acuñó el término Don Chatarrín para referirse al CEO de Techint, etiqueta que luego el presidente Milei amplió bajo la denominación de Don Chatarrín de los tubitos caros. La retórica oficial busca exponer lo que consideran una falta de competitividad de las grandes empresas frente al modelo de libre mercado que intenta implementar la gestión libertaria.
La lista de objetivos incluye a Javier Madanes Quintanilla, titular de Aluar y Fate, a quien el entorno presidencial denomina Don Gomita Alumínica. El oficialismo vincula este sobrenombre con el conflicto gremial en la fabricante de neumáticos y acusa al empresario de utilizar los despidos como herramienta de presión para intentar mantener las protecciones arancelarias vigentes.
Durante su reciente actividad en el exterior, Sturzenegger ratificó su postura al exigir que los industriales argentinos operen con reglas de competencia global. El funcionario sostiene que los empresarios locales deben abandonar los beneficios estatales para transformarse en competidores de clase mundial, profundizando la tensión con los sectores productivos tradicionales de la Argentina.
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