La octava entrega de la franquicia Viernes 13 representó un hito cultural para los espectadores que forjaron su afición al terror mediante el consumo televisivo previo a la era digital.
La llegada de Jason Voorhees a la ciudad de Nueva York se convirtió en un evento esperado por los seguidores del género durante la década de los noventa. En un tiempo definido por la ausencia de plataformas de contenido por demanda, el consumo de cine de horror dependía estrictamente de la programación de canales locales y los ciclos especializados de trasnoche.
Esta secuela en particular generó una expectativa alta debido a la promesa de abandonar el tradicional escenario del campamento Crystal Lake. La posibilidad de ver al icónico asesino de la máscara de hockey en un entorno urbano masivo representaba una apuesta de renovación para una saga que ya acumulaba múltiples capítulos y signos de agotamiento narrativo.
La actriz de ‘Cuéntame’ que piensa que revivir la serie por su 25 aniversario es «cargarse su legado»Los espectadores argentinos de aquel periodo construyeron su vínculo con el personaje mediante la mística de los programas que presentaban estas producciones. La dificultad para acceder a la información cinematográfica detallada convertía cada emisión televisiva en un acontecimiento que alimentaba el fanatismo y la circulación de cintas de video entre conocidos.
Pese a las restricciones de presupuesto que obligaron a filmar gran parte de la historia en un barco en lugar de las calles neoyorquinas, la película logró consolidarse como una pieza de referencia. El contraste entre la naturaleza del villano y la hostilidad de la metrópolis brindó una estética que los seguidores todavía rescatan dentro de la cronología oficial de la serie.
Hoy la obra se analiza como el registro de una forma de consumo que desapareció con la masificación de internet y el acceso instantáneo a los catálogos globales. Jason toma Manhattan permanece como un símbolo de la nostalgia cinéfila y de la capacidad de las historias de suspenso para mantenerse vigentes en el imaginario colectivo a través de los años.
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