El gobierno abandonó el desarrollo de tanques argentinos para comprar los Striker de EEUU

El gobierno de Milei desmanteló la modernización del Tanque Argentino Mediano (TAM) para avanzar con una costosa compra de vehículos Stryker usados a Estados Unidos, priorizando el alineamiento geopolítico sobre la logística y la industria nacional.
El alineamiento geopolítico con Estados Unidos, sumado a las severas restricciones presupuestarias del ajuste, provocó la paralización definitiva del programa de modernización del Tanque Argentino Mediano (TAM). Esta decisión de la gestión libertaria dejó fuera de servicio a gran parte de la flota histórica del Ejército y se complementó con la definición de adquirir vehículos Stryker usados del catálogo militar estadounidense.
La interrupción del proceso de desarrollo nacional afectó gravemente la operatividad del armamento pesado. Restricciones impuestas por el Banco Central para el acceso a divisas impidieron la adquisición de insumos críticos en el extranjero, como los eslabones de las orugas, dejando a la mayoría de los TAM inmovilizados. La empresa israelí Elbit Systems, ganadora del concurso de modernización, vio frustrado el proyecto debido al desmantelamiento de la cadena logística local.
La alternativa elegida fue la compra de 27 vehículos a rueda Stryker, una transacción de gobierno a gobierno por un valor cercano a los 100 millones de dólares. El entonces ministro de Defensa, Luis Petri, oficializó la carta de intención durante su visita al Pentágono, priorizando el armamento proveniente de Estados Unidos, que fue utilizado en conflictos como Afganistán e Irak, y que prioriza el transporte ágil de tropas.
Fuentes del Ejército señalaron que la elección se realizó ignorando opciones más ventajosas en términos de costo y logística regional. El vehículo Guaraní de Brasil era la principal alternativa, ofreciendo unidades nuevas, transferencia de tecnología y un precio por unidad que resultaba 32 millones de dólares inferior al de los Stryker para la misma cantidad de vehículos, además de contar con componentes nacionales de IVECO.
La combinación de desfinanciamiento y la elección de material de origen norteamericano, con limitaciones operativas (como su incapacidad anfibia) y mayor costo de mantenimiento, implica un daño a las capacidades técnicas del Ejército. Expertos coinciden en que la compra responde exclusivamente a un eje ideológico y geopolítico, siguiendo la línea de la adquisición de aviones F-16 y el intento de adhesión a la OTAN.
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