El estreno de Scream hace tres décadas marcó un punto de inflexión definitivo para el cine de terror al rescatar al subgénero slasher de la intrascendencia comercial.
A mediados de los noventa el cine de terror atravesaba un período de agotamiento creativo. Las fórmulas repetitivas de las décadas previas habían alejado al público masivo de las salas hasta que Wes Craven decidió intervenir con una propuesta disruptiva.
Craven utilizó su experiencia previa como creador de Freddy Krueger para redefinir las reglas del juego. La película no solo presentó a un nuevo asesino enmascarado sino que introdujo personajes que conocían las convenciones del género y las comentaban frente a cámara.
La actriz de ‘Cuéntame’ que piensa que revivir la serie por su 25 aniversario es «cargarse su legado»Esta autoconsciencia narrativa permitió que el relato funcionara simultáneamente como una pieza de horror efectiva y una sátira del propio sistema cinematográfico. El guion de Kevin Williamson aportó la frescura necesaria para atraer a una nueva generación de espectadores.
El impacto en la taquilla global fue inmediato y generó una ola de producciones similares que intentaron replicar el éxito de Ghostface. Sin embargo, pocas lograron equilibrar la tensión y el humor ácido con la maestría que el director estadounidense impuso en la obra original.
Tres décadas después de su lanzamiento el legado de la franquicia permanece vigente en la cultura popular y continúa influyendo en los realizadores contemporáneos. La obra de Wes Craven se consolidó como una pieza fundamental para entender la evolución del suspenso moderno.
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