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Cuándo fue la última intervención militar de EEUU en América Latina antes de la de Venezuela

3 Ene, 2026 5:02 p.m.|Actualizado: 4 Ene, 2026 6:11 a.m. AR

La incursión militar estadounidense en territorio venezolano actualiza el debate sobre el patrón histórico de intervenciones bélicas de Washington en la región durante el último siglo.

El análisis de la reciente operación de tropas de los Estados Unidos en proximidades de Caracas despertó una profunda alarma entre los analistas de política exterior y seguridad regional. El despliegue, aunque de alcance limitado según las fuentes oficiales de defensa, utilizó una doctrina de proyección de fuerza que remite a estrategias empleadas en la Guerra Fría. Esta modalidad prioriza la velocidad y la sorpresa para lograr objetivos tácticos específicos en territorios soberanos.

Esta acción específica sobre Venezuela, detallan los informes de inteligencia regional, replica la metodología utilizada en al menos cinco ocasiones previas durante el siglo XX en América Latina y el Caribe. El modelo consiste en el uso de fuerzas especiales o cuerpos de infantería ligera para alterar estructuras de gobierno o asegurar intereses estratégicos sin declarar un conflicto a gran escala.

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Históricamente, estos precedentes incluyen intervenciones documentadas en países como la República Dominicana, Panamá y Nicaragua, donde la justificación esgrimida por Washington siempre giró en torno a la protección de ciudadanos estadounidenses o la contención de amenazas ideológicas. La diferencia actual radica en el contexto de alta polarización y la ausencia de una amenaza ideológica bipolar clara.

La reactivación de esta modalidad bélica abre serios interrogantes sobre el compromiso de Washington con los principios de no injerencia y autodeterminación establecidos en el marco de la Organización de los Estados Americanos (OEA). Varios gobiernos de la región ya manifestaron su profunda preocupación por lo que consideran una escalada innecesaria que pone en riesgo la estabilidad del continente.

El desafío geopolítico que presenta esta operación exige una respuesta diplomática multilateral que fuerce la distensión y reencauce el diálogo político, evitando que la tensión bilateral se convierta en una crisis regional que involucre a otros actores externos.

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