Pekín concentra la producción y el procesamiento mundial de estos minerales clave para la tecnología y refuerza su control con una nueva ley.
Las tierras raras se han convertido en el corazón de la disputa comercial entre Estados Unidos y China.
Las tierras raras, esenciales para fabricar desde autos eléctricos hasta pantallas táctiles y billetes de euro, se han convertido en el corazón de la disputa comercial entre Estados Unidos y China. Pekín, que controla gran parte del mercado mundial, intensificó las restricciones a la exportación en abril como respuesta a los aranceles impuestos por Washington durante la gestión de Donald Trump.
La decisión golpeó las cadenas de suministro globales, dado que el gigante asiático no solo concentra casi la mitad de las reservas de estos 17 minerales estratégicos, sino que además controla más del 70% de la producción mundial y casi el 90% del procesamiento.

Estos elementos —como el neodimio, el cerio o el europio— poseen propiedades magnéticas, electroquímicas y luminiscentes que los vuelven indispensables en tecnología, energía renovable, automoción y defensa.
Aunque existen yacimientos en países como Brasil, Australia, India y Estados Unidos, la capacidad china para abaratar costos, perfeccionar técnicas de refinado y relajar estándares ambientales desde los años 80 le permitió consolidar un dominio casi monopólico. No por nada, el expresidente Deng Xiaoping sentenció en 1992: “Medio Oriente tiene petróleo; China tiene tierras raras”.
Con la nueva Ley de Recursos Minerales, en vigor desde julio de 2025, China refuerza su control estatal sobre la explotación y el comercio de estos materiales, exige licitaciones competitivas y obliga a restaurar el impacto ecológico tras cada extracción.
Con información de EFE

