Trump apunta contra Canadá por los incendios, pero la ciencia señala otra culpable

El mandatario estadounidense responsabilizó a la administración canadiense por los masivos incendios forestales que azotaron la región, aunque un grupo de científicos internacionales acaba de publicar hallazgos que desvían la mirada hacia un fenómeno mucho más amplio y complejo.

## La huella del calentamiento global

Un informe elaborado por World Weather Attribution, red de especialistas en eventos climáticos extremos, reveló que las condiciones meteorológicas que propiciaron los fuegos en los Territorios del Noroeste y el noroeste de Ontario resultaron aproximadamente el doble de probables como consecuencia del calentamiento global generado por la actividad humana. El trabajo, que aún debe superar la revisión por pares, contrastó el panorama actual con un escenario previo a la revolución industrial, antes de que la quema incesante de combustibles fósiles elevara la temperatura planetaria en 1,4 grados centígrados.

Los expertos examinaron variables determinantes: termómetros por las nubes, déficit de precipitaciones, humedad reducida y velocidad del viento, componentes que conforman el índice canadense de peligro de incendios. Según sus proyecciones, un episodio similar al vivido en Ontario podría reproducirse cada seis años en la actualidad. «En un clima preindustrial, esto habría sido prácticamente excepcional, quizá una sola vez en la existencia de una persona», aclaró Jonathan Boucher, investigador del Servicio Forestal de Canadá y coautor del estudio.

## Respuestas cruzadas entre política y ciencia

Trump cargó duramente contra el manejo de los bosques por parte del gobierno de Ottawa y adelantó que tomaría medidas de retorsión, asegurando que se conocerían «pronto». «No están administrando sus bosques como corresponde», expresó el 21 de julio, convencido de que una gestión diferente habría evitado la catástrofe.

Las declaraciones del republicano fueron refutadas por especialistas en clima y combate de incendios. Andrew Weaver, climatólogo de la Universidad de Victoria, fue tajante: «El humo no necesita pasaporte, pero la contaminación por carbono sí tiene memoria. Y esa memoria indica que Estados Unidos aportó más que ninguna otra nación». Friederike Otto, también parte del equipo investigador, agregó un mensaje contundente: «Si te preocupa alguien más allá de los multimillonarios, tenés que dejar de quemar combustibles fósiles, porque los efectos ya llegaron, suceden ahora y traen consecuencias enormes».

La geografía canadiense complica aún más cualquier estrategia de contención. Inmensas extensiones de abetos y pinos, sumamente combustibles, se extienden por zonas inhóspitas del norte. «Cuando las condiciones son extremas, tenés media hora para controlar el fuego. Si no llegás en ese margen, no hay nada que hacer», graficó Mike Flannigan, de la Universidad Thompson Rivers. Los rayos iniciaron los incendios en los Territorios del Noroeste, donde las llamas devoraron más de 12.950 kilómetros cuadrados, pero fueron las condiciones ambientales las que permitieron que el fuego se desmandara.

La investigación cierra con una conclusión clara: aunque el manejo forestal puede incidir en casos puntuales, el alza persistente de las temperaturas y la aridez creciente constituyen los verdaderos motores detrás de la escalada de los incendios en territorio canadiense.

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