En plena convulsión geopolítica mundial, el gobierno uruguayo apostó fuerte por colocar a América Latina en el centro de la disputa por la conducción del organismo multilateral más importante del planeta. Durante su gestión al frente de la Celac, convocó a una cumbre sin antecedentes en la región: cuatro aspirantes a la Secretaría General de las Naciones Unidas expusieron sus visiones en Montevideo, en un hecho inédito para la historia diplomática latinoamericana.
## Una apuesta diplomática de peso
El canciller Mario Lubetkin encabezó la inauguración del Diálogo Regional sobre el Futuro Liderazgo de las Naciones Unidas, evento coorganizado junto a la Campaña GQUAL y el Cepei. El funcionario destacó la complejidad de lograr la presencia de los postulantes y subrayó que la multiplicidad de candidaturas no debilita la postura regional. Según su análisis, la ONU exige calidad, no unidad forzada: otras regiones ya transitieron procesos similares con varios competidores. «Esta es la hora de América Latina», sintetizó con énfasis.
## Cuatro voces, un diagnóstico compartido
La costarricense Rebeca Grynspan, actual titular de la Unctad, rechazó que la región busque el cargo por mero turno rotativo. Argumentó que la experiencia latinoamericana en desarme nuclear, solución pacífica de conflictos y respeto al derecho internacional constituye un aporte distintivo. La multipolaridad, aseguró, ya es un dato consumado; el desafío radica en que el multilateralismo se consolide como opción política frente a la fragmentación.
La ecuatoriana María Fernanda Espinosa apuntó contra la burocratización del organismo. Propuso una transformación cultural que acorte distancias con la ciudadanía, potencie la presencia territorial del sistema y articule mejor sus tres ejes fundamentales. Su convicción: la región tiene mujeres preparadas para romper el techo de cristal por primera vez en este cargo.
Desde Austria, el argentino Rafael Grossi evocó la gestión del peruano Javier Pérez de Cuéllar para reclamar un secretario general con capacidad de mediación activa. El canciller Pablo Quirno respaldó su candidatura, destacando su trayectoria al frente del OIEA en tiempos de amenaza nuclear.
La guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett completó el cuarteto de participantes.
Michelle Bachelet, ausente por cuestiones de salud, remitió una carta donde respaldó la idoneidad regional y alertó sobre la necesidad de independencia frente a las presiones de las potencias.
El foro montevideano trascendió la discusión entre postulantes: se configuró como gesto político de la Celac para reclamar espacio en una gobernanza global cada vez más disputada.
Redacción SDN
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