La líder de Fuerza Popular ganó el balotaje con el 50,13% de los votos y superó por un estrecho margen a Roberto Sánchez, que obtuvo el 49,86%, según el escrutinio oficial de la ONPE.

Keiko Fujimori asumirá este martes la presidencia de Perú, tras ganar una de las elecciones más ajustadas de los últimos años y devolver al fujimorismo al gobierno. La candidata de Fuerza Popular consiguió el 50,13% de los votos, frente al 49,86% obtenido por el aspirante de izquierda Roberto Sánchez, según el escrutinio oficial de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE). La diferencia fue de menos de 50.000 votos.
“Cada vez estamos más cerca de iniciar un camino de orden y esperanza para todos los peruanos”, escribió la presidenta electa luego de confirmarse el resultado. La promesa de recuperar el orden fue el eje de una campaña centrada en la inseguridad, la crisis institucional y el avance del crimen organizado, problemas que dominan la agenda política peruana desde hace años.
A los 51 años, Fujimori llega finalmente a la Casa de Pizarro después de tres intentos frustrados por alcanzar la presidencia. Había competido en las elecciones de 2011, 2016 y 2021, siempre con resultados ajustados que la dejaron a un paso del poder. Lejos de retirarse, mantuvo el liderazgo de Fuerza Popular y logró conservar un espacio de peso dentro de la política peruana.
La trayectoria política de Keiko Fujimori
Su historia pública comenzó mucho antes de ser candidata. En 1994, cuando tenía 19 años, asumió como primera dama luego de la separación de sus padres. Aquella experiencia la introdujo en el escenario político y, años más tarde, en 2006, fue elegida congresista por Lima con una de las mayores votaciones del país. Desde el Parlamento consolidó su liderazgo y pasó a convertirse en la principal referente del fujimorismo.
Su apellido, sin embargo, sigue siendo uno de los más controvertidos de Perú. Es hija del expresidente Alberto Fujimori, quien gobernó entre 1990 y 2000. Para una parte de la población, su gestión significó la derrota del terrorismo y la recuperación de la economía. Para otra, representa un período de autoritarismo, corrupción y violaciones a los derechos humanos, hechos por los que el exmandatario fue condenado a 25 años de prisión.
Con el paso del tiempo, Keiko Fujimori buscó construir un perfil propio. Mantuvo la defensa de la inversión privada y la estabilidad económica, pero moderó el tono de su discurso para ampliar su base de apoyo sin perder el respaldo del electorado fujimorista.
Su carrera tampoco estuvo exenta de dificultades. Entre 2020 y 2021 afrontó un proceso por presunto lavado de activos y organización criminal en el marco del caso Odebrecht y del denominado «caso cócteles», que investiga el financiamiento irregular de campañas electorales. Durante la investigación pasó varios meses en prisión preventiva, una situación que debilitó su imagen, aunque no impidió que continuara siendo una de las figuras más relevantes del escenario político.
Tras décadas de protagonismo, derrotas electorales, investigaciones judiciales y una fuerte polarización en torno a su figura, Fujimori llega por primera vez a la presidencia con el desafío de gobernar un país marcado por la inestabilidad política y la demanda de mayor seguridad.

