Ucrania fue blanco de una intensiva ofensiva nocturna por parte de Rusia, que empleó una combinación de misiles balísticos y drones de largo alcance para impactar múltiples puntos del territorio. Los ataques, que afectaron principalmente a áreas residenciales, han dejado un saldo preliminar de al menos 17 personas fallecidas y más de 100 heridas, según informaron las autoridades ucranianas.
La operación, llevada a cabo durante la madrugada, provocó escenas de destrucción generalizada. Barrios enteros se vieron afectados por los impactos, resultando en incendios, derrumbes de estructuras y cortes significativos en el suministro eléctrico. Los servicios de emergencia trabajaron incansablemente durante horas para rescatar a personas atrapadas bajo los escombros, confirmándose la presencia de menores entre las víctimas.
Ciudades clave como Kyiv, Dnipró y Járkov fueron las más afectadas. En la capital, las explosiones activaron los protocolos de emergencia, con la confirmación del uso de armamento balístico que generó alarma y movilizó a miles de ciudadanos a refugios subterráneos. Se reportaron incendios en diversos sectores y una interrupción masiva del servicio eléctrico. En Dnipró, el número de víctimas mortales se incrementó tras la confirmación inicial de heridos, mientras que en Járkov también se registraron múltiples lesionados como consecuencia de los impactos.
Las cifras de fallecidos y heridos son consideradas provisionales, con la posibilidad de que aumenten a medida que avanzan las horas y los equipos de rescate continúan las labores de búsqueda en las zonas más devastadas, dada la gravedad de algunos casos y la extensión de los daños reportados.
Esta ofensiva se produce tras un anuncio previo de Rusia sobre una nueva campaña aérea dirigida a centros de decisión del Estado ucraniano. El ataque marca una nueva escalada en el conflicto en curso, profundizando la dinámica de ataques cruzados entre Moscú y Kyiv en un contexto de creciente tensión militar.

