200 personas en trance: Por qué ‘El testamento de Ann Lee’ promete ser el musical más hipnótico del año

La mística británica Ann Lee consolidó en el siglo XVIII las bases de los Shakers, una de las corrientes cristianas más disruptivas de la era industrial.
Nacida en Manchester en 1736, Ann Lee creció en un entorno marcado por la rigidez de la Revolución Industrial y las tensiones religiosas de la época. Su juventud estuvo ligada a la precariedad laboral antes de encontrar un rumbo espiritual definitivo fuera de las estructuras eclesiásticas tradicionales de Gran Bretaña.
En 1758, Lee se integró a un pequeño grupo de disidentes conocidos originalmente como los Shaking Quakers. Esta agrupación se diferenciaba por sus prácticas rituales que incluían movimientos físicos intensos y un rechazo absoluto a las jerarquías eclesiásticas establecidas.
La líder desarrolló una doctrina basada en el celibato estricto, la vida comunitaria y la igualdad de género, conceptos revolucionarios para el pensamiento dieciochesco. Su visión sostenía que la purificación del alma requería una renuncia total a los placeres materiales y una entrega plena al trabajo manual.
El ascenso de su liderazgo atrajo tanto seguidores fervientes como la hostilidad de las autoridades locales por su abierta crítica al orden social. Las detenciones y el acoso constante motivaron a Lee a buscar nuevos horizontes para expandir su mensaje de austeridad y disciplina espiritual.
Finalmente, la fundadora trasladó su misión hacia América, donde el movimiento Shaker logró su mayor expansión arquitectónica y cultural. Su influencia persiste hoy no solo por su rigor teológico, sino por el diseño minimalista y la organización social que definieron a sus comunidades durante décadas.
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